Emilie Thorne
—¡Abuelo!— corrí hasta sus brazos para darle un abrazo.
—Mi princesa— dijo a la vez que dejaba un beso en mi frente con mucho cariño.
—¡Abuelita!— también le di un abrazo, es a quien consideró como una madre. —¿Por que no han pasado al comedor?— los mire interrogante.
Había llegado justo a tiempo para la cena, así que ya no había que esperar más. Bien podría decir que "Ya llego por quien lloraban"
—Tu padre aún no llega— mencionó el abuelo algo molesto, como era costumbre. Posiblemente no odiara a mi padre realmente pero era algo que como un padre sobre protector aún tenía, aunque mi madre ya no estuviera.
—Vamos Mikkel, Oliver siempre llega a tiempo, quizás tuvo una emergencia— defendió la abuela sonriendo. Sin duda ella era la única que podía hacer entrar en razón am abuelo.
—¿Que emergencia puede tener? Su hija está aqui— me señaló.
—Quizás la puerta de mi baño se atasco— apareció mi padre con su semblante serio. —Mikkel, Katrine— le hizo una reverencia a mis abuelos, aunque les haya hablado de manera informal.
—¿Todo bien papá?— pregunté una vez se puso a mi lado.
—Sólo la puerta— dijo en un murmullo.
—Bien, creo que hay que ir a cenar— iba a darme la vuelta para ir al comedor cuando mi abuelo me detuvo.
—Tendremos visitas Emilie— anunció.
Las veces que teníamos visitas yo debía verme lo mejor posible y ahora solo vestía un vestido de lo más sencillo, no podía creer que el abuelo aún no me estuviera recitando los protocolos por milésima vez. Pero no dudaba que después de la cena lo hicieran, aunque solo pondría al final mi mejor sonrisa que los haría olvidar mi pequeño error.
—¡Oh bien!— me coloque en línea a la par de los abuelos como cada vez que se recibían visitas.
Trataba de acomodar mi vestido para que se viera lo mejor posible o no soportaría leer por décima vez el libro de protocolos reales. Porque de eso nunca podía salvarme.
—Sus majestades— hizo reverencia el mayordomo, entonces alce mi vista para ver a nuestros invitados o en este caso invitado. —El teniente Connor— señaló al joven detrás de él.
—Creí que vendría su padre— hablo el abuelo primeramente al observar al muchacho.
—Hubo una emergencia en la base, me pidió venir en su lugar y ofrecerle una disculpa— hizo una reverencia, tal como todos estaban acostumbrados a hacer.
—Tan pronto y solucione el problema se comunicará con usted— aclaró.
—De acuerdo teniente connor— dijo un poco más convencido. —Esta es mi familia, mi esposa, la reina Katrine— mi abuela sonrió como era típico de ella, uno creería que por haber sido una guardaespaldas sería una mujer temible, sin embargo es todo lo contrario y quien es temido es mi abuelo.
—Su majestad— hizo una reverencia delante de ella.
—Teniente connor— respondió la abuela —¿No es muy joven para el cargo?— pregunto, sabía que no se resistiria de saber sobre el ejército, no por nada en una época ella se encargó de las fuerzas del país. Admiraba todo lo que había logrado mi abuela en su pasado.
—Creo que el tener a mi padre en las fuerzas del país me dieron esa disciplina desde niño, me costó trabajo pero lo logre a corta edad— respondió con el respecto que sus reyes se merecían.
—¡Es magnífico!— adulo la abuela.
—Gracias su majestad— respondió el teniente. El abuelo cortó esa pequeña charla para seguir con las presentaciones.
—También esta mi nieta, la princesa Emilie— me señaló el abuelo. Y el nudo que se formaba en mi garganta también se presentó, aún no sabía si debía llevar el título de princesa que por años he escuchado. El cual parecía más un hecho que una decisión que yo pudiera tomar.
—Su alteza— hizo una reverencia la cual correspondí. Protocolos por doquier.
—Y él es el padre de mi nieta, y Capitán general, Oliver Thorne— señaló a mi padre, a quien olvide mencionar tomó el lugar de la abuela por decisión de ella, así que esto seguía en "familia".
—Señor es un placer conocerlo— hizo un saludo que identifique como militar. Eso me emociono un poco.
—Descanse teniente— hablo mi padre, admiraba el respeto que tenía de casi todos, a excepción de mi abuelo quedó claro, pero eso es algo que posiblemente no cambie, y no es malo, solo el abuelo... es el abuelo.
—Pasemos al comedor, están por servir la entrada— señaló el abuelo, quien con delicadeza le ofreció el brazo a mi abuela quien acepto encantada, por otro lado mi padre y el teniente charlaban de asuntos en la base de los cuales entendía un poco.
Sin duda alguna, en esta cena salía sobrando yo... como siempre y todo era por mi indecisión.
Por que yo podría estar charlando con mi padre y el teniente si eso fuera lo que decidiera o charlar con mis abuelos sobre mi próxima coronación...