ANASTASIA —¿Quieres algo de beber? —No. No quiero nada de ti —siseo—. ¿De qué jodida manera es que tengo que decirtelo? —Ana, cariño, esa no es manera de hablarle a tu padre. —Lo sé; jamás le hablaría así a Raymond Steele. Mi padre. Él me ofreció una sonrisa que me provoca un escalofrío. Él es tan frío. —Ya me encargaré de él. —Te dije que te alejaras de él. Que nos dejaras en paz. ¡¿Cuál es tu problema?! ¡¿Por qué no me dejas en paz?! —Salgo de la cama de un salto y lo golpeo desesperadamente con mis puños apretados en el pecho. Lo odio tanto... —¡Basta! —Intenta detenerme—. ¡Dije basta, Anastasia! Me detengo inmediatamente cuando siento el ardor en mi mejilla. Seis días de este infierno. No sé si pueda soportar más lejos de Christian y mi papá. ¿Por qué aún no me han ayudad

