En Aradia la Reina de las hadas fue comunicada por Nazgul para que fuera con todas sus hadas al palacio, que supuestamente habría una gran invitación para celebrar su avance en la forestación de la flora y fauna del planeta.
Los gnomos y enanos fueron a la invitación, muchos de los hombres desde todos los rincones de Aradia también fueron invitados. Todo estaba tal como Nazgul había planificado.
Este sería la primera vez que el gran dios cometería una gran m*****e y se mancharía sus manos de sangre de muchas vidas inocentes.
Una vez que todos estaban reunidos se celebró una gran fiesta, todos disfrutaban del espectáculo hasta que el ambiente se tornó n***o y unas criaturas se hicieron visibles.
Eran los retoños de Azatoth y sin piedad alguna se abalanzaron sobre todos los presentes, una carnecería de muerte y destrucción tiño el ambiente.
La sangre empañaba todos los lugares del palacio y a sus alrededores, miles de miles de vidas perecieron. En el rostro de Nazgul se notaba una maldad indescriptible gozando de la destrucción que acabó de ocasionar en su palacio.
-Apestosas hadas ya me tenían harto con sus cánticos tediosos y ustedes también enanos y gnomos que sus ridículas danzas me provocaban nauseas. Dijo Nazgul.
Después de esta gran m*****e, Therion enviaría a sus dragones negros a los otros cinco mundos cercanos a Aradia para destruir las aldeas enteras donde residían los elfos y humanos en completa paz.
Las legiones élficas de Luciel no pudieron llegar a salvarlos ya que desde el espacio, los elfos rebeldes que se convirtieron en soldados de las sombras, custodiaban la entrada al sistema estela Luciel.
Una guerra se inició en las afueras y ambas legiones se enfrentaban, millones perecieron en las miles de naves que luchaban en el espacio sideral.
Nuevamente Luciel utilizaría su letal arma para desintegrar a los rebeldes, pero no podía activarla debido a que si lo hacía, el sistema estelar completo volaría en pedazos.
Lo único que hizo para auxiliar a los elfos, fue enviar a muchas de sus águilas y dragones para hacer retroceder a sus enemigos. Esto le resultó y tuvieron una victoria parcial.
Cuando llegaron a Aradia y a los demás mundos, solo encontraron desolación y caos, muchos cuerpos sin vida tendidos en los valles y las verdes praderas. El palacio real donde gobernaba Nazgul fue incendiado y no quedó rastro alguno de él.
Luciel se lamentó por lo ocurrido, pero desde lejos un pequeño grupo de hadas y humanos se acercaron a él, quien dirigía a este grupo era Bryinhildr que junto con unos pocos guerreros y su hijo Gondor, habían destruido a algunos de los retoños repugnantes de Azatoth.
Estos retoños devoraron vivos a muchos enanos y gnomos, estas dos razas quedaron casi en la extinción debido a que la gran mayoría de ellos asistieron al evento del palacio real.
Pero la batalla no había terminado del todo, en el Reino celestial Therion y Nazgul junto con muchos dragones negros trataron de romper las puertas celestiales. Los dragones celestiales que la custodiaban, hicieron lo mejor que pudieron y pese a sus esfuerzos las entradas quedaron destruidas. El poder del mal estaba llegando a su apogeo, nada ni nadie impediría su ascensión.
Era la primera vez y la única que el Reino donde moraba Luciel era invadido por la maldad.
Luciel por el reporte de unos de los dioses de sus otros reinos fue inmediatamente a su Reino para enfrentar a sus adversarios. Afortunadamente tuvo el apoyo de los dioses y todos llegaron al mismo tiempo.
Lamentablemente al llegar algunos de sus dragones fueron aniquilados y parte de su reino fue arruinado.
Una nota colgaba en el Gran Trono Blanco, esta decía:
-“PRONTO LLEGARÁ TU FIN LUCIEL”.
Consternado con esta amenaza se sentó en su trono, unas lágrimas caían de su rostro. Parecía que pronto todo iba a llegar a su final y su creación sería absorbida por sus adversarios.
Luciel tenía dos opciones, o activar su terrible arma “Lelial” y aniquilar a todo junto con él o ceder a las tinieblas y buscar asilo en el Abgal.
Pero una luz alumbró su interior, no podía permitir que su amada Bryinhildr y su hijo Gondor quedaran a la merced del mal. Solo en pensar en la idea de su adorada familia siendo aniquilados por sus adversarios su conciencia lo atormentaba. Algo tenía que hacer pero aunque era el Rey de la creación, ninguna idea venía a su mente.
Aradia año 550
Las huestes de Nazgul se rearmaron y junto con Therion unieron fuerzas para dar el fulminante ataque y derrocar definitivamente a Luciel, aniquilar toda luz y la oscuridad volviera a reinar como fue al principio.
Luciel se hallaba impotente en su trono esperando su aniquilación total pero sorpresivamente desde el planeta de los Vendor, Ariel el profeta se haría presente.
-Luciel mi gran amigo, ¡no te des por vencido!, es imposible que la maldad absorba a la luz.
-Ariel, yo sé que has visto todo lo acontecido, ¿cómo puedes decir que al final alcanzaremos la victoria?
-ESPERANZA amigo mío ESPERANZA, no la pierdas. Pronto llegará la ayuda de un ser que será quien proteja y ame a tu hijo sobre todas las cosas, inclusive si llegase a convertirse en mortal por amor a él, ella lo dará todo por su gran amor.
-¿A qué te refieres?
-No puedo decirle más, solo ten esperanza y mantén la paz.
Luciel aún con las palabras de Ariel no se encontraba animado. Más el profeta tenía razón y un ser divino del mundo del Abgal llamada Lúthien intervendría en el conflicto y a lo largo de toda esta historia hasta el día de la Gran Guerra.
Lúthien la más hermosa no solo de su reino sino también de muchas galaxias existentes, sería quien le daría la mano. El amor que ella iba a tener por su hijo Gondor la haría actuar a su favor.
Ni siquiera Yog-Sothoth que todo lo ve, no sabía de la interferencia de la diosa. El Abgal es un reino de lo más parecido al reino de la Absoluto y todos sus habitantes viven en una frecuencia muy superior que conocida como la séptima dimensión
Aquel reino está lleno de maravillas, los diamantes, zafiros, esmeraldas y otras piedras preciosas quedan opacadas ante la belleza inigualable de aquellos dominios.
El Abgal fue la primera creación de la “Fuente de Luz de Todas las Cosas”, en este momento voy a revelar su verdadera naturaleza. Sé que estoy condenado en este mundo llamado Tierra como un simple mortal pero voy a decirlo todo.
Es Dios y Padre de todos, el Uno Invisible que está sobre todo, que es imperecedero, que es luz pura que ningún ojo puede ver.
Es el Espíritu invisible. Uno no debería considerarlo como un dios, o igual que un dios. Pues es más grande que un dios, porque no tiene nada sobre Él y ningún señor sobre Él.
No existe dentro de nada que sea inferior a Él, ya que todo existe únicamente dentro de Él. Es eterno, toda vez que no necesita nada. Porque es absolutamente completo: nunca ha carecido de nada para ser completo. Sino que siempre ha sido absolutamente completo en la luz.
Es ilimitable, toda vez que no hay nada ante Él que lo limite. Es insondable, toda vez que no hay nada ante Él que lo sondee.
Es inconmensurable, toda vez que no había nada ante Él que lo midiera. Es inobservable, toda vez que nada lo ha observado. Es eterno, y existe eternamente.
Es inexpresable, toda vez que nada podía comprenderlo para expresarlo. Es innombrable, toda vez que no hay nada ante Él que le dé nombre. Es la luz inconmensurable, pura, santa, brillante. Es inexpresable, y es perfecto en su inmortalidad.
No es que forme parte de la perfección, o de la bienaventuranza, o de la divinidad: es mucho más grande. No es corpóreo ni incorpóreo. No es grande ni pequeño. Es imposible decir: “¿Cuánto es?” o “¿De qué clase es?” pues nadie puede comprenderlo.
No es una entre muchas cosas que existen: es mucho más grande. No es que sea realmente más grande. Sino que como es en Sí mismo, no es una parte de los mundos o del tiempo, porque cualquier cosa que es parte de un mundo fue producida una vez por otra cosa.
No le fue asignado tiempo, toda vez que no recibe nada de nadie. Eso sería un préstamo. Él que existe primero no necesita nada de uno que es posterior. Al contrario, el posterior alza la vista hacia el primero en su luz.
Porque el Perfecto es majestuoso: es pura e inconmensurablemente grande. Es el Mundo que da un mundo, la Vida que da vida, el Bendito que da bienaventuranza, el Conocimiento que da conocimiento, el Bueno que da bondad, la Misericordia que da misericordia y redención, la Gracia que da gracia.
No es que sea realmente así. Sino que da luz inconmensurable e incomprensible.
¿Qué debo deciros sobre Él? Su reino eterno es imperecedero: es tranquilo, es silencioso, está en reposo, y está ante todo. Es la cabeza de todos los mundos, y lo sostiene por medio de su bondad.
A un humano seguidor de un Avatar parecido a Gondor en el planeta Tierra, le revelaron estas verdades del cual Yo la estoy confirmando.
Volviendo a la historia redactada por mí como ahora lo estoy haciendo, Lúthien observaba desde su Reino al hijo de Luciel, solo era cuestión de tiempo para que ella se manifestase abiertamente, al principio asomaría en forma de una peculiar loba, su pelaje de color café claro con blanco.
Ella rondaría la cabaña donde la madre de Gondor tenía su morada. Cuando fue el primer encuentro, Gondor caminaba por el bosque pensando lo que iba a pasar con su mundo, de pronto ella se acercó en forma de la bestia y se posó a sus pies.
Gondor viendo la docilidad del animal y le acarició hasta quedarse dormido. En sus sueños vio que aquella loba se tornaba en forma humana y le miraba a sus ojos fijamente, ella le abrazaba expresándole que no se sintiera angustiado que pronto iría en su ayuda.
Acabando aquel cálido sueño, él despertó y la loba se había ido. La profecía de Ariel comenzaría a tomar forma y la gran diosa pondría sus ojos sobre el hijo de Luciel.