David escucho la risa de Kattia detrás de la puerta, sintió el repetido d***o de entrar y deleitarse más con ese hermoso sonido que lo había atraído desde el momento en que una niña demasiado habladora quien no había sido consiente del hombre peligroso que era él, le había ofrecido un postre de fresas. —La escuela de Señoritas nos da clase de repostería y cosina, dicen que una buena esposa debe saber sobre cocina así sea que ella tenga personal que se ocupen de eso. En ese entonces él había mirado a la pequeña niña, que resultó no ser una niña sino una adolescente con diminutas pecas en su rostro que le daban un aspecto tierno e infantil. — En la escuela de señoritas deberían enseñar a jovencitas como tu a no hablarle a extraños que no están interesados en postres de cereza. —Si no

