28 de marzo de 2003 Daimon Sus ojos se clavaron en Annice, observando como su respiración constate le recordaba que seguía viva. Había estado cerca de perderla. Ese pensamiento lo tenía temblando por dentro, mientras su cabeza seguía dando vueltas en torno a los últimos acontecimientos. Al final, habían sido su padre, junto al padre de Annice y otros magos, quienes habían atrapado a ese maldito anciano. Saber que había sido él quien, además, había asesinado a su madre, hacia que se le encogiera el estómago por dentro. Una herida y un culpable. Ahora tenía a ambos, pero la herida apenas había cerrado. Su atención volvió a dirigirse hacia Annice. Estaba pálida, tanto, que necesitó aferrarse al sonido de sus constantes para sentir que seguía a salvo. No fue hasta que su teléfono com

