—¿Borrón y cuenta nueva? —él asiente—. Yo no le veo la necesidad. Él alzó una ceja y ríe por lo bajo. —¿No ves la necesidad? Bela, te he visto apretar las piernas para apaciguar el fuego que tienes entre ellas. —Por favor, David, no seas ridículo —ruedo los ojos y me pongo de pie. —Estoy hablando enserio. —No, no pareces estar hablando enserio. Te di la oportunidad de comenzar otra vez en mi habitación, ¿Y sabes que hiciste? —Veo que no lo superas —susurra. —¡Me dejaste mojada y con las piernas abiertas! ¿Crees que después de eso te perdonaré? —Grítalo más alto, Bela. Aun en China no lo han escuchado. Gruño furiosa y me aproximo hacia la puerta. —Olvídalo, no quiero saber nada de ti. David se aproxima a mí a paso rápido y me toma de la muñeca, girándome en su direcció

