Al llegar la hora de ir a almorzar estoy completamente excitada, sin embargo, tengo un mantra que me repito una y otra vez “no caigas en la tentación”, llego el restaurante y al preguntar a la recepcionista por la reservación a nombre de Rashid un empleado me acompaña hasta la zona VIP donde hay una especie de habitaciones improvisadas con telas en el medio de ellas una cama matrimonial con una pequeña mesa de noche a un lado como para dar más ambiente, el ya se encuentra allí y de inmediato se levanta y extiende su mano, —Bienvenida—, me dice con esa voz profunda que ya conozco. —Hola, que tal—, respondo mientras el mesonero nos deja la carta y nos da privacidad. —Que hermosa estas, en realidad siempre pero creo que no te lo dije suficientes veces—, comenta como si hablara para sí mism

