Tenía la boca seca, el estómago contraído y el corazón a mil, sus ojos verdes estaban clavados en mí, como si su alma estuviera en llamas y pudiera quemarme, por un momento solo podía repetir en mi mente las palabras de Rashid , —se acabaron las excusas ahora si vamos a hablar tu y yo, como debió ocurrir hace ocho meses atrás—, quería correr, pues sentía que me quebraría, pondría a prueba toda mi fortaleza lo se pero si flaqueaba no tendría sentido todo lo que construí en estos meses, traté de serenarme y recordar por todo aquello que me había hecho pasar para encontrar esa motivación necesaria para resistirme a sus encantos. Mi primer instinto es ir hacia la puerta e intentar abrirla a pesar de que él la está obstruyendo pero no logró mover ni un milímetro, —Por favor permíteme salir.

