Ingreso al jardín con mis mejillas impregnadas de rojo. Realmente le ruego a todos los dioses que no se difunda ningún reporte sobre lo anterior, causaría un total revuelo dado que aún no formalizamos nuestra “relación” y técnicamente apenas nos conocemos. Además, no estaba previsto que sea así, incluso puedo apostar que varios creían que no nos agradábamos en absoluto (lo cual no está del todo erróneo… o estaba). Y por supuesto, también hay un pequeño detalle, que mi hermano pegará el grito al cielo cuando se entere. Pero como todavía nadie sabía sobre eso, pretendí absoluta tranquilidad y cordialidad para los invitados, lo que hizo más llevadera la estadía. Sin tensión alguna en el aire, todos degustamos pacíficamente del bufet, de conversaciones formales entre los monarcas y herederos

