Había una vez, una princesa que encuentra el amor de su vida...
«Falacias» pienso con enfado a la vez que cierro con fuerza el cuento de hadas el octavo libro infantil que tomé.
Cualquier persona piensa que la vida es de color rosa por el mero hecho de ser la princesa de Inglaterra, con lujos, fiestas, halagos y todo lo material que implica. Pero por supuesto que no es cierto, si uno ve más allá de lo superficial, sería capaz de apreciar la realidad.
Mi nombre es Diana Rose Middleton Cambridge, primera princesa de Inglaterra, y en unos meses cumplo diecinueve años... lo cual viene acompañado del cierre de mi último año escolar, o mejor dicho, de mis tutorías privadas. Tengo un hermano mayor, Jorge, quien se encuentra en el tercer año de su carrera. Somos los únicos príncipes directos al trono, siendo así él el siguiente en la línea para la corona. Por otro lado, además de eso, los dos somos tan idénticos como las gotas de agua, con la importante diferencia de veinte centímetros de altura y género, claro; ambos portamos ojos de un llamativo color índigo, cabello azabache, tez pálida y una buena complexión física.
En fin, mis padres, Guillermo de Cambridge y Catalina de Cambridge, los monarcas, son como cualquier padre... provenientes de la familia real. La prioridad de sus agendas son los asuntos del país, por lo tanto, es común su ausencia a causa de sus viajes, reuniones con personas importante y papeles. Dejando ya a un lado mi familia, ahora lo más fundamental para mí, es la presencia de cierta persona...
—Señorita Rose — Me llama Agatha, una de las que trabaja en el palacio-, su madre la solicita.
—Está bien, gracias - Digo con una sonrisa.
—Que tenga un buen día - Y se marcha.
Dejo a un lado el cuento, me levanto de mi cama y dirijo a la sala de estar, donde seguramente está mi madre. El palacio de verdad que es gigante, tanto que parece un laberinto.
—¿Mamá? ¿Estás aquí? — Entro a la habitación y sí, efectivamente se encuentra sentada en un sillón, al lado de mi padre.
—Rose, mi amor, siéntate — Me pide mi padre, por lo cual obedezco, quedando en frente de ellos.
—¿Pasa algo? — Pregunto.
—Bueno...— Empieza diciendo mi padre — ¿Recuerdas que te hablamos sobre Mike Borbón?
«Señoras y señores, les presento a Mike Borbón... mi futuro prometido, por obligación. cabe decir»
—¿El príncipe español?
—Así es, querida —Esta vez habla mi madre—, vamos a tener que adelantar un poco más su compromiso.
Siento que palidezco de pronto.
—¿Por qué? — Es lo único que soy capaz de decir.
—Hija, sabes que te amamos y queremos lo mejor para tu vida... pero las cosas se están volviendo un poco difíciles, nos vimos forzados a apresurar más las cosas — Responde mi padre
—Pero siquiera lo conozco — Trato, inútilmente, de huir de la situación.
—Sobre eso te queríamos hablar... él y su familia vendrán en una semana — Dice mi madre.
Siento un nudo en mi garganta y seguro ustedes se preguntarán, ¿no debería de estar molesta? Y la verdad es que sí, debería de estarlo, pero estoy más... triste que enojada, porque voy a perder mi libertad, por cierto, escasa, a los dieciocho años.
—Mi amor, sé que esto es difícil — Me mira con lástima mi madre —..., pero...
La interrumpo.
—No, estoy bien — Digo cambiando a una sonrisa, pero, aun así, tratando de no llorar —. Ahora, si me disculpan; me gustaría ir a mi recamara — Comento para seguidamente retirarme.
Voy caminando tranquilamente por los pasillos, siempre con la cabeza en alto y saludando ocasionalmente a algún empleado, sin embargo, continúo reteniendo las lágrimas. Necesito desahogarme, y no hay mejor forma de hacerlo que hablando con mi mejor amiga desde que teníamos cuatro años: Alicia. La cual, lastimosamente, no está en el país, por lo que voy a tener que conformarme con hacerle una video llamada. Le envío un mensaje para preguntarle si tiene tiempo de hablar; obviamente acepta.
Enciendo mi notebook y espero unos segundos.
Conectando... conectando...
—¿Rose? — Es ella —¿Estás bien?
—No — Respondo negando con la cabeza.
—¿Qué sucede?
—Se adelanta el compromiso — Digo al fin dejando caer mis lágrimas.