— Buenos días, Eli, te traje un café…—la saludo dejando sobre su escritorio un latte Vainilla. Las secretarias siempre deben ser tus aliadas. Pasé al Starbucks a comprar uno para mí y uno para Victoria también. Quiero saber cómo está. Y olvidarme de todo mi fin de semana. Lo toma sonriendo. — Gracias David, ¿vienes a hablar con Victoria? — Sí. — Aún no llega y su celular suena apagado. Es extraño, ella nunca desaparece sin avisar. — ¿Me avisarías en cuanto llegue? — Por supuesto, David —me sonríe. Vuelvo a mi oficina y empiezo a trabajar. Tan concentrado, que al mirar la hora veo que se me ha pasado la mañana volando. Llamaré a Elizabeth. — Hola, ¿Victoria llegó? — No. Llamó hace un rato, dijo que se tomaría el día —explica. Frunzo el ceño. — ¿Ella siempre hace esto? — No, jam

