Jinny —Vamos, nene. Dámelo —murmuro. —Solo tenías que pedirlo. Miro por encima del hombro mientras Beck entra en la cocina en pantalones cortos y nada más. —Tu cafetera está fallando. —La reluciente máquina plateada es de la misma marca que Alexander compró en Ibiza. —Cuando las palabras dulces fallan... —Le da un golpe con la mano en un lateral—. Prueba ahora. Lo hago, y funciona. —Vaya. Él me guiña un ojo. —Para eso estoy aquí. —He decidido ir a la boda de Kian. Quizás pueda dejar el pasado atrás. —¿Necesitas un acompañante? —No. No voy a invitar a nadie a ese pozo séptico. —Jinny, hay mucha fealdad en este mundo. Si no puedes lidiar con tu propia familia, tal vez no estés lista para ello. Me cruzo de brazos. —¿Nunca te ha pasado nada en tu pasado que no quisieras volver a vi

