Freya salió de la habitación con la mente enredada en los recuerdos de su conversación con Jack. La mención de una caja fuerte resonaba en su mente como un martilleo incesante. No tenía idea de qué contenía ni de dónde podía estar, pero sabía que Jack estaba dispuesto a todo para obtener lo que fuera que estaba dentro. Apenas había preguntado por su padre, y Jack, con esa frialdad inhumana, solo le había dado una advertencia velada: “Haz el trabajo rápido, a tu padre no le queda mucho tiempo”. Las palabras habían sido secas y crueles, y la habían dejado con el corazón oprimido y un vacío en el pecho. No podía perder a su padre, no cuando él era todo lo que le quedaba en el mundo. Respiró hondo mientras descendía por las escaleras, tratando de disimular el tumulto de emociones que la in

