Tan sólo unos cuatro días después de haber ingresado a este lugar, fue que pude darme cuenta del infierno en el que me habían metido. A la mañana siguiente, nos despertaron las trabajadoras sociales y por supuesto, no me levanté de la cama. Amanecí con fiebre y malestar, me dolía todo el cuerpo y creo que esto se debía al estrés que he pasado estos pocos días, de alguna forma debía evidenciarse. No podía levantarme por el malestar y, además, no había podido dormir ni un minuto anoche, no había hecho más que recordar sin parar, cada momento que viví con Igor, cada beso, cada caricia, porque trataba de recordar lo bueno, para mitigar un poco el dolor, que no hacía más que incrementar y eso sí, desde ese momento me di cuenta de que debía prohibirme pensar en lo que él podría estar pasando, p

