Estábamos sobre la azotea de las iniciaciones, el lugar en el que nuestro grupo y yo nos reuníamos desde siempre. Aquí, en este edificio abandonado de ocho niveles, en la azotea, nos reunimos cuando toca tratar temas importantes, iniciaciones, tratar temas de vital importancia o simplemente a veces, como esta noche de domingo, a pasar simplemente el rato.
Ana María estaba a mi lado y Juan Esteban a mi otro costado, sentados los tres en el borde. Ninguno es que sufriera de vértigo, pero sabía que tampoco es que fuese la mejor idea, y menos, cuando bebíamos de la botella de aguardiente que había comprado Juan con el sueldo que recién le habían pagado. Detrás de nosotros, el resto de la pandilla, jugaban póker y bebían cervezas. Este es uno de los pequeños detalles que he omitido decirle a Igor, jamás le diría que bebo porque de inmediato, empezaría a echar humos y me prohibiría hacerlo, sé que diría cosas como que soy menor, que no está bien, pero para alguien bajo mis circunstancias, es algo más que justificable o al menos eso pensaba en ese momento. Es una forma nada sana de pasar el rato y matar al aburrimiento, porque lógicamente, no tenía mucho por hacer, más que hacer mis deberes, estudiar y leer la novela que el me dio, que la noche de viernes y el sábado, leí hasta antes del final, pero desistí al temer que María muriera y si ella muere, me deprimiré y tendré que patear a Igor por hacerme eso.
-¿Será que se demora mucho tu supuesto novio?-Se burló Juan y le enseñé mi dedo del medio. Le había dicho a Nicolás que viniera, lo llamé desde el teléfono de Ana ya que, el viernes en la segunda clase, se acercó a mí, enojado, porque desde que me pidió ser novios, no me acerqué a él y porque no lo había besado, entonces me dio su número teléfono, para que nos viéramos y sólo lo llamé porque estos dos ya estaban muy pesados al no creerme que tuviese novio y menos Juan Esteban, cuando ya lo conocía por la pelea y, cabe mencionar, que lo amenazó con dejarlo como colador.
-Vive en villa campestre. Creéme, le costará encontrar este lugar por la ubicación, no creo que jamás haya venido al sur.
-Hay que advertirles a los chicos o lo asaltarán apenas llegue en ese auto.-Dijo Ana al yo describirle antes el auto de Nicolás, el deportivo rojo. Era cierto, si lo veían llegar en ese auto, sumada a su vestimenta nada barata y su rostro, querrán atracarlo de inmediato, por lo cual, me acerqué adonde jugaban y grité.
-¡Oigan!-Todos me miraron y fue muy chistoso, parecieron incluso asustarse al escucharme gritar.-¿Recuerdan al chico que me acompañaron a golpear hace unos días?
-¿El Ricky ricón de la sudadera?-Preguntó Kevin y asentí.
-Bueno, ahora es mi novio y espero no lo atraquen.-Sus risas, por poco me dejan sorda y quise golpearlos a todos, pero ni al caso. Era normal que se rieran bajo esas circunstancias, nunca me vieron con un novio antes y el primero es precisamente el chico al que le di la paliza de su vida en compañía de ellos.
Entonces, alrededor de media hora después, vimos su auto estacionarse en la acera y Juan Esteban le pegó tremendo grito para que subiera. No sé ni cómo escuchó con lo alto que estábamos, pero subió y al acercarse, con sus jeans impecables, camisa azul formal y zapatos probablemente más costosos que todas nuestras ropas juntas, miró completamente intimidado a todos alrededor y noté que iba a regresarse, pero le hice señas y se acercó de inmediato a mí. Ana le hizo espacio y se sentó a mi lado.
-No me dijiste que estaría toda esta gente horrible aquí. Creí que sólo estaría contigo.-Me dijo al oído, pero al parecer, lo dijo muy fuerte, porque Juan lo escuchó y lo miró de inmediato, enojado.
-Repite lo que dijiste.-Se quejó y le hice señas de que se callara.-Vuelve a decir eso y ahí sí que te dejo como colador.
-¡Juan! Lo vas a espantar.
Entonces, después de que aceptó no pelear más o más bien, que lo amenacé y accedió a regañadientes a dejar en paz a Nicolás, hablaron por un rato y luego, cuando Ana se fue cuando la llamó su novio, quién estaba abajo en la camioneta, se fue y Juan se fue a jugar después con los chicos, quedamos solos. Así que, cuando lo vi alejarse, vi a Nicolás, quién me miró a los ojos y entonces, lo agarré por su camisa haciéndolo acercarse a mí y, lo besé. Lo besé por un par de segundos. No es que sea muy buena besando o no lo sé, antes sólo besé a Juan Esteban, una tarde, cuando habíamos bebido y nos besamos un rato, por aburrimiento y luego, Alexander, otro chico del grupo, me pidió que nos besáramos hace un tiempo. Sólo lo hice porque sí, sin motivo alguno.
Entonces, al alejarme, no sé cuánto después, Nicolás me miró, conmovido y no entendí por qué se veía de esa manera.
-Isabella… no esperaba que hicieras eso.
-A eso venías, ¿no?
-¡No! Yo… quería que nos besáramos… pero no esperé que fueras tú la que lo hicieras.
-Mmm, ¿lo hice mal?
-¡No! Quiero hacerlo de nuevo.
-Bueno, pero vamos a mi casa.-Me miró, completamente sonrojado y de nuevo, no entendí por qué reaccionaba de esa manera. Era preferible que, si íbamos a besarnos, lo hiciéramos en mi casa y no aquí, delante de la pandilla, quiénes son más chismosos que mis amigas del barrio y no habían dejado de vernos desde que él llegó. Entonces me despedí y nos fuimos.
Llegamos unos quince minutos después, no lo sé. Tampoco es que tenga reloj, calculo los minutos contándolos. Nicolás miraba todo completamente desconcertado porque sé que él, que lo amamantaron con caviar, jamás había conocido algún vecindario como el santuario, pero bueno, si tanto quería ser mi novio como aseguró el otro día que hizo tremenda pataleta porque no nos habíamos besado, no le debería importar que yo viva en una invasión.
Entramos a mi casa y cerramos la puerta. Afortunamente cuento con electricidad, todo gracias como siempre, a Juan Esteban y los chicos, que conectaron mi casa al sistema eléctrico del resto de las casas. Entonces, me senté sobre la cama, porque yo tenía una, ahorré mucho y pude comprar una económica e incluso, tenía sábanas, almohadas, un ventilador que me regaló la Claudia, una pequeña nevera, una mesita, dos sillas y las cosas básicas de la cocina, así como un pequeño baño. Mi casa era rosada por dentro y por fuera, Juan la pintó por mí el día en que la terminamos y vaya que ya necesita un retoque, pero será cuando vuelva a tener mi buena racha en las peleas.
-Vaya, no esperaba que vivieras en un lugar así.
-Mmm.-Me puse de pie y me quité los zapatos, al igual que la ropa y me puse la ropa con la que suelo dormir, mayormente camisetas tan grandes que me sirven de pijamas.-Si no te gusta, bien puedes irte, que me da igual.
Me recosté en la cama y encendí el ventilador, tenía sueño.
-Oye, no. Quiero estar aquí contigo.
-Bien.-Se acercó y me besó.
Nos besamos mucho esa noche.
El día siguiente fue bastante salido de lo usual en mi vida. Tomé una ducha y me puse el uniforme. Él se duchó también y tuvimos que ir hasta su casa porque su uniforme estaba allá. Luego fuimos a la escuela, en su auto. Caminamos hasta el salón de clases y me desconcertó que desde que nos bajamos, hasta que, incluso, dentro del salón cuando ingresamos, agarró mi mano y notaba cómo nos observaban nuestros compañeros. Me dio un corto beso y sonrió, antes de alejarse a sentarse con ellos y yo, me quedé completamente en blanco.