Actualidad: La sala era amplia y elegante, decorada con un lujo que no dejaba espacio a la modestia. Las paredes estaban cubiertas con papel tapiz de tonos dorados, y sobre ellas colgaban cuadros de paisajes clásicos enmarcados con molduras de madera oscura. Un gran candelabro de cristal dominaba el techo, proyectando su luz cálida sobre un mobiliario de terciopelo y madera tallada. El aire olía ligeramente a jazmín, proveniente de un difusor de aromas colocado en una mesa de mármol, junto a una tetera de porcelana fina y una bandeja con pastelillos. Valentina estaba sentada en uno de los sofás, impecablemente maquillada y con un vestido rosado que le ceñía la figura con elegancia. Parecía una joven sacada de un cuento de hadas, aunque su mirada atenta revelaba que no se sentía completam

