Esa noticia había sido tan terrible para ella que tuvo que quedarse al menos unos quince minutos con los ojos pegados a la pantalla. ¿Alexander? ¿Ese era su Alexander? El corazón se le estrujó mientras intentaba mantener la respiración tranquila. Aún recordaba las palabras de aquella llamada de Louis Scott a su teléfono, diciendo que su esposo había tenido un accidente y que debía ir a reconocerlo. Eso fue una maldita mentira de mierda, ella no pudo reconocer nada porque apenas quedaron restos. Se supone que de eso se encargó la policía y descubrieron que se trataba de Alexander, pero ahora su foto y su nombre estaba en primer plana como el preso que escapó de prisión. No, no podía mirar más la pantalla. Apagó el televisor y buscó el teléfono fijo para hacer una llamada. ¿Sacar un pas

