Pov Sarah
Si no tenía ninguna oportunidad con ella dentro de mí casa definitivamente podía tenerlas fuera. Porque Michelle no trabajaba para mí en una fiesta, ni en un boliche ni nada parecido.
Agradezco haberme duchado antes de quedarme dormida porque no pierdo el tiempo y directamente abro la puerta de mí armario y entro a la habitación. En donde tengo el espacio de vestidos de noche, comienzo a ver cuál me quedaría mejor y considerando que debía intentar impresionarla ésta noche, elegí un vestido lo suficientemente ajustado para que se pegue a mí piel.
Entonces comencé a pensar en ella mientras intentaba meterme en ese vestido.
¿Se supone que podía hablarle como si nada?
¿Ella querrá saludarme?
¿Aceptará una copa?
Me siento nerviosa mientras termino lo maquillaje, con solo pensar en que ella estará allí quizás con un hermoso vestido me pone la piel de gallina.
Al tiempo que termino de colocar mis zapatos agarro una cartera a juego y dejo lo celular allí para comenzar a bajar las escaleras. Mí padre se cruza en mí camino y me mira con una ceja levantada.
—¿A dónde se supone que sales?
—De fiesta, con Ashley.
—¿Te parece salir a esta hora?
—¿Porque no? —suspiro pesadamente—. Por favor, papá. No empieces como siempre, solo me provocas ganas de irme cuánto antes.
—No me parece apropiado que salgas.
—Vuelvo en taxi —lo miro y camino hacia la entrada.
—¡Dile a Luke que te lleve!
Grita antes de que saliera por la puerta. Sabía que diría que su chófer me llevará solo para controlar a dónde salía, pero no le doy importancia, tampoco es que fuera a tener una reunión secreta de la que él no pudiera enterarse.
Río ante mí pensamiento y saludo a Luke, para luego indicarle que necesito que me lleve al lugar.
Regla número uno después de ser mayor de
edad: Jamás conducir si piensas tomar alcohol.
Eso me lo había repetido mí padre cientos y cientos de veces, con la diferencia de que yo tenía la posibilidad de llamar al chofer para que fuera por lo y estaba a salvo de todas maneras.
Luke me lleva desde que tengo dieciocho años a todos los lugares donde quise salir, es más, las veces que quería salir con mis amigos llevaba la camioneta para estar más cómodos.
Quizás si, tenemos nuestros pequeños secretos cómo jamás decirle a mí padre cuando me paso de copas y llego borrachísima a casa. Y aunque él tenga diez años más que yo, podría considerarlo como mí pequeño cómplice.
—¿Segura que no quiere que la busque más tarde?
—No, no se preocupe.
—Mejor me hace una llamada, puedo venir unos minutos más tarde. Confíe en mí, sabe que jamás le digo a su padre cuando está... Alegre.
—Gracias, Luke. No sé cuánto tiempo me quedaré, pero lo llamo más tarde. Duerma tranquilo.
—Cuídese.
Luke era un hombre de cuarenta y dos años que no tenía familia y que había trabajado con nosotros para nosotros prácticamente toda su vida. Mí padre tenía unos pequeños departamentos atrás de la mansión, muchos metros atrás, por lo que algunos empleados preferían quedarse durante la semana e ir a ver a sus familias el viernes porque era lo suficientemente lejos como para no querer tomarte un transporte público cada día.
La única que dormía con nosotros en la mansión era Eva, con la diferencia que su habitación estaba abajo, apartada del resto.
Cuando salgo del auto le envío un mensaje a Ashley para avisarle de que estoy afuera, por lo que ella sale unos minutos después abrazándome con alegría.
Pensé que era una fiesta en una casa o algo parecido, pero es mejor que eso. Estamos en un pub, la música parece buena y lo mejor de todo es que está lleno de chicas hermosas por todas partes.
—¡Pero mira lo sexy que estás! —dijo mirándome con una sonrisa.
—Lo sé —guiñé un ojo—.Tu también estas caliente ¿Donde está ella?
—La perdí de vista, pero ven acompáñame.
—No me digas que es uno de tus trucos sucios para sacarme de la cama —gruño cuando ella me toma de la mano para entrar.
—No, prometo que ella está por algún lugar.
Además ahora que estás aquí disfruta un poco.
Realmente estoy en dudas, no se si ella esté aquí. No es la primera vez que mí amiga me engaña para que salga de la cama.
No hacía falta hacer una fila ni esperar un tiempo absurdo paga entrar y realmente agradecía eso. Ashley me guió entre las personas mientras le sonreía a algunas chicas que me dedicaban una mirada, era como mí paraíso personal.
Llegamos a una mesa llena de personas sonriendo por lo que pensé que eran sus amigos. Sinceramente no conocía a ninguno, las veces que salíamos solo éramos ella y yo.
—Ella es Sarah, la amiga que les he dicho —sonrió y me miró—. Ella es Demi. Nina —menciona señalando a la otra chica—. Nick. Derek y Josh.
Les sonrío a todos y les tiro un beso al aire.
Ashley me dedica una pequeña mirada, pero le aseguro que no lo haré. Ella me conoce bien y sabe que podría coquetear con sus amigas hoy, pero no lo haré.
Mí mente está en alguien más.
—Siéntate Sarah, toma algo con nosotros-propuso Nick.
—Por fin te conocemos, Ashley habla de ti todo el tiempo —comentó Demi
La realidad es que no se me hacía difícil comenzar alguna charla con personas que no conocía, sumándole a que ellos eran realmente agradables. Pidieron varias botellas de champagne mientras me hablaban sobre su vida.
Miraba impaciente a Ashley, solo esperaba de que no me haya mentido con respecto a
Michelle, pero de todas forma la estaba pasando bien.
Seguimos tomando y hablando, ellos eran el tipo de chicos que podría volver a ver.
Volteé a ver a las personas que estaban bailando en el centro del lugar, sonreía por cualquier cosa, definitivamente el alcohol ya me había afectado.
Y entonces entre toda esa gente la vi a ella.
Michelle estaba bailando junto a otras dos chicas. Su cabello caía en cascada sobre sus hombros, tenía un vestido oscuro ceñido al cuerpo.
Si me había parecido hermosa simplemente vestida con ropa deportiva, ahora mismo podría entregarle hasta mi alma.
Sus piernas se veían espectaculares, incluso podía ver la piel desnuda de su espalda por aquel fabuloso vestido.
Iba a levantarme para ir hacia ella, pero una mano me tomó del brazo impidiendo que saliera.
—Espera un poco, no puedes ir como si nada —Ashley murmura en mí oído
—Quiero hablar con ella —dije mirando en dirección a la otra chica.
—Lo sé, pero espera la oportunidad.
Estaba realmente hipnotizada por la manera en la que Michelle movía sus caderas al ritmo de la música, su sonrisa era hermosa y solo quería correr hacia allí.
Con eso solo confirmé las ganas que tengo de que pase algo entre nosotras.
Aunque me costara aceptarlo Ashley tenía razón, no podía simplemente caminar hasta ella, tomarla de la cintura e invitarla a mi casa. Ella sin dudas me mandaría a la mierda y no volvería por allí, entonces terminaría por perder cualquier oportunidad.
¿Quienes serán esas chicas con las que está? ¿Sus amigas o alguna de ellas sale con Michelle?
No quise seguir dando vueltas al asunto, terminaría por volverme loca por ir y preguntarle. Aunque cuando las miraba de vez en cuanto, no veía que ellas se acercaran más de la cuenta, incluso una de ellas se fue con un chico que le habló al oído.
Seguí tomando, intenté tener una conversación con los amigos de Ashley, pero mi mente estaba en otro sitio, específicamente en una persona en especial.
—El otro viernes es mi cumpleaños, si quieres puedes ir con Ash, estas más que invitada —dijo Nina con una sonrisa.
—Claro que iré —respondo con sinceridad, regalándole una sonrisa.
—Voy por otra botella —anunció Josh levantándose.
—¡No! Yo voy, no te preocupes —pongo una mano en su brazo y le regalo una sonrisa tranquilizadora.
Él estaba un poco pasado de copas y tampoco es como si le interesaba quién iba por más alcohol. Me levanté rápidamente caminando hacia la barra, buscando con la mirada a mi pelinegra favorita, quizás ésta sea una buena oportunidad, o la única.
—Un champagne y un tequila por favor —le pedí al chico de la barra.
—Claro preciosa, enseguida —sonrió coquetamente.
—Gracias —dije en cuanto me lo entregó.
Tomé el shot de una vez y agarré la botella para volver a la mesa, pero el chico volvió a hablar nuevamente antes de que salga de allí.
—Toma bonita, esto es para ti —me da un pequeño papel y solo lo recibí para irme rápidamente, seguía buscando a Michelle pero no había rastros de ella.
—¿Qué es eso Mila? —preguntó Ash
—No lo sé, me lo dio el chico de la barra —dije mostrándole el papel sin importancia.
—Es su número y a la hora en la que termina su turno —rió suavemente, negando con su cabeza.
—No me interesa, tómalo, ahora vuelvo.
—¿A dónde vas?
—Ya vengo.
Caminé hacia el lugar en dónde ella estaba antes, pero había desaparecido, así que me dirigí al baño. Me senté dentro de unos cubículos pensando que estaba comenzando a sentirme mareada. No debí haber tomado tanto alcohol.
Reí luego de pensar aquello, hace tanto tiempo de la última vez que había tomado.
Cuando terminé de hacer mis necesidades, lavé mis manos, remojé mi cara y salí del baño dispuesta a volver a la mesa, de todas formas no tenía sentido estar detrás de alguien que ni siquiera sabía de mi existencia.
Cando estoy a punto de darme por vencida sucede aquello que estuve esperando toda la noche.
Mi corazón se paralizó en cuanto la vi ahí parada, estaba debajo de la escalera y sinceramente no la hubiese visto si no fuera porque estaba con su celular.
Era la única luz que había en ese lugar.
¿Que hacía debajo de la escalera, apoyada contra la pared y mirando su celular como si nada?
Estaba en una batalla mental conmigo misma, entre sí hacer lo que yo deseaba o si simplemente me iba a la mesa con los demás como si no hubiese pasado nada. Pero los piernas actuaron por si mismas y caminaron hasta la ojimarrón. Tomé su celular rápidamente, sacándolo de adelante de su cara para luego tomarla de la cintura y chocar mis labios contra los suyos.
Al principio dejó sus labios quietos sobre los míos, pero luego sentí sus brazos sobre mis hombros, tomando mi cabello entre sus dedos y acercándome más a su cuerpo. Nuestras lenguas se encontraron y di un paso hacia adelante para presionar su cuerpo entre el mío y la pared.
Respiré con dificultad sobre su boca por unos segundos, aún saboreaba el champagne de sus labios y me atreví a dejarle un pequeño beso en el cuello.
Por un momento me dio pánico cuando ella no dijo nada, solo se quedó allí intentando recuperar el aliento. Quizás sea mucho por hoy, estoy demasiado borracha para intentar seducirla decentemente así que dejo el celular sobre su pecho y apenas siento que ella lo agarra, me largo de allí.
Dios mio, no puedo creer que la besé en serio.
Sus labios sabían mucho más ardientes de lo que imaginé y de solo pensar que me había encendido con un breve momento me dieron ganas de querer probar que pasaría si paso más de unos pocos minutos con esa mujer.
Ella terminará por arruinarme, eso lo sé.
Narrador omnisciente
Michelle se había levantado con la peor resaca de la historia y realmente agradecía que ese día no debía presentarse en la casa de los Scott, aunque por la tarde tenía que ir a ver a Will.
Después de una larga ducha decidió que lo mejor sería pedir comida, no tenía suficientes ganas como para cocinar algo en ese momento. Minutos después, escuchó el sonido del timbre, pero lo ignoró, estaba segura de que sería algún cartero o algo por el estilo.
Miro alrededor, pensando que en algún momento debería comenzar a acomodar las cajas de mudanza que tenía alrededor, pero ahora mismo no tenía ganas. Quizás más tarde pondría un poco de música y ordenaría, pero solo cuando se sintiera mejor.
Abrió la puerta del patio para que sus perros entraran para luego sentarse en el sillón y comer su pizza tranquila mientras leía con atención la carpeta que estaba en sus manos.
Se quedó pensando en Sarah por unos minutos, no podía negar que era una mujer maravillosa, ella no era ciega y por más que era sumamente profesional, podía apreciar la belleza de aquella mujer. Cuando llegó a la casa no pensaba sentirse tan atraída hacia una persona, ella era todo lo que debía evitar, si contar el hecho de que estaba trabajando en su casa.
El timbre de su casa volvió a sonar y no le quedó más remedio que caminar hacia la puerta. Su mejor amigo estaba del otro lado, con una sonrisa en su rostro.
—Te ves fatal —dijo con una pequeña risa—. No creí que tomaras tanto, de hecho confiaba en que Keana intentara algo contigo.
—Ni siquiera recuerdo que eso haya sucedido. Pero hace tanto que no tomo alcohol que creo que me cayó mal —suspira—. De todas formas me tengo que dar una ducha e ir a ver a Mc Quaid.
—Por eso he venido antes, temía que te quedaras dormida —suspira. Además quería hablar contigo sobre el trabajo.
—¿Vienes a preguntar cómo me está yendo con los Scott?
—De hecho me interesa uno de ellos específicamente, pero dime. ¿Ella es tan hermosa como muestran las fotos?
—¿Es necesario que te lo diga?
—Solo es una opinión, tampoco es que te vayas a acostar con ella —se sienta en mi sillón.
—Uh, no. Claro que no —murmura desviando la mirada—. Y si, ella es muy hermosa.
—Me lo imaginaba —sonrió— ¿Has tenido noticias de tu madre?
—He ido a verla, está mucho mejor. El tratamiento es algo fuerte, pero irá todo bien.
—Sabes que estoy siempre que me necesites. Solo tienes que llamar y estaré allí —dice con su mirada sincera.
—Lo sé y eres el mejor amigo del mundo —responde con tristeza—. Solo que a veces es difícil verla de esa manera.
—Se pondrá mejor, te lo aseguro. Ella es fuerte igual que tú. Cuando menos te lo esperes podrán volver a su casa.
Después de tener una pequeña charla con su mejor amigo, fue a darse una larga ducha para sentirse mejor e ir a trabajar, de todas maneras lo necesitaba porque la ayudaba a despejar la mente.
Como ella había dicho, hacía mucho tiempo que no salía a tomar unos tragos ni a bailar, el alcohol no pasaba más que unas copas de vino en su casa mientras leía un libro. Ahora sentía su cuerpo cansado, pero no tenía otra opción que salir de casa, comprarse un energizante y comenzar su día.
Comenzaron a reír cuando Troye se había confundido con la letra de una canción que ambos estaban cantando de camino al trabajo y eso solo le recordaba a las mañanas en las que ambos iban a la secundaria cantando canciones junto con su madre.
—Nuevas noticias, mañana tenemos que ir al muelle —dice Troye
—¿Hora? —pregunta mientras dobla por la esquina.
—Medianoche, o eso me dijeron.
—¿Solo nosotros o vendrá alguien más?
—Es mejor que solo vayamos nosotros, si hay demasiadas personas será muy sospechoso.
—Entonces será mejor que llevemos una cámara y nos preparemos para lo que sea.
—¿Esa no es tu súper chica? —preguntó mirando a un costado.
—¿De que hablas?
—De Sarah. ¿No es ella? —dice apuntando hacia la derecha
Michelle miró hacia adelante y vio a lo lejos a Sarah, estaba parada al lado de su auto mientras gritaba furiosa. Ella miró detenidamente el auto y notó que estaba completamente mal, la había chocado o ella había chocado contra algo que hizo que se rompiera todo el frente y comenzara a salir humo del mismo. Ella estacionó frente a la latina y salió rápidamente para preguntarle si se encontraba bien.
—¿Sarah? —habló una vez que estaba a solo unos pasos de ella— ¿Te encuentras bien? ¿Qué ha pasado?
—Ese hijo de puta me ha chocado y se ha largado como si nada —dijo furiosa, dándose vuelta para verla
—Tienes sangre en tu frente —murmura llevando su dedo automáticamente alrededor de la herida— ¿Con que te has golpeado?
—No es nada. Me he golpeado la cabeza con el volante, la bolsa de aire ni siquiera ha funcionado —gruñe molesta.
—Ven, siéntate un poco —propone abriéndole la puerta del auto.
—Estoy bien, Michelle.
—Hola —saludó Troye con una media sonrisa— ¿Está todo bien?
—Si, se ha golpeado un poco la cabeza —respondió ella sin mirar a su amigo, sabía que su mirada curiosa estaría mirando a ambas.
—¿Segura que te encuentras bien? —volvió a preguntar el chico.
—Si, gracias —respondió la latina sin ánimos.
—¿Quieres un poco de agua? —le ofreció una botella.
Sarah asintió y tomó un largo trago antes de tomar una respiración profunda para calmarse, sus piernas aún temblaban del miedo que le había dado aquella situación. Prefería no hablar con el chico porque con el mal humor que tenía sabía que podría tratarlo como la mierda.
—Tengo que ir a al gimnasio —dice Troye mirando a su amiga—. Quédate y llévala a su casa.
—No lo necesito, gracias. —Sarah está irritada porque se preocupen tanto por algo insignificante, ella solo quería quedarse aquí, patalear un rato y después llamar a Luke para que solucione todo.
—Estás temblando aún, no voy a dejarte sola —asegura Michelle.
—Tienes cosas que hacer, esto no tiene sentido.
—Hablaré con ella y le diré que tuviste un inconveniente, lo entenderá —guiñó un ojo aprovechando que Sarah no los miraba
—Gracias —sonrió—. Hablamos más tarde.
—Cenamos juntos —dice con una sonrisa—. Hasta luego señorita Sarah, un gusto conocerla.
—Gracias. —intentó responder tranquila
—Nos vemos después preciosa —agitó su mano en el aire para despedirse y luego comenzó a caminar hacia el lado contrario.
—¿Es tu novio? —la cabeza de Michelle giró rápidamente en su dirección en cuanto terminó la pregunta.
—¿Troye? —rió mientras pasaba su lengua por el labio superior—. No, es mi mejor amigo.
—¿Y porque la risa? —le dedica una mirada enojada.
—Nada, nada —sonríe—. ¿Quieres esperarme un momento que estaciono el auto detrás para que puedas sentarte?
Michelle esperó paciente hasta que el seguro de Sarah se presentó en el lugar, para luego ofrecerse como chofer. Podía jurar que a la latina aún le temblaban las piernas, pero no sabía si preguntarle ya que ella no había dicho ni una palabra después de aquella pregunta.
Por supuesto que no le molestaba quedarse y acompañarla, lo haría con ella incluso si no fuera su jefa. Tuvo que contenerse para apoyar la mano en su rodilla e intentar darle apoyo, quizás era demasiado, a pesar de todo.
—Gracias por esperarme —dijo Sarah, rompiendo la tensión.
—No te preocupes ¿Te sientes mejor?
—Si, solo ha sido un susto. El seguro se ocupará —suspira.
—¿Ibas a alguna parte? ¿Quieres que te lleve?
—Solo volvía a casa —murmura.
Michelle la miró por un momento ya que el semáforo estaba en rojo. Le parecía extraño que Sarah haya estado tan distante, ni siquiera la miraba. Pero decidió no preguntar, quizás tenía un mal día.
No cabía duda de que prefería aquella chica atrevida y con esa sonrisa insolente antes que verla de esa manera. Parecía perdida, como si pensara en algo más.
Y lo cierto es que si, Sarah tenía muchas cosas en su cabeza, porque a pesar de que le molestó todo el asunto del choque los motivos eran otros. Ella venía conduciendo de mal humor y justo ese idiota se cruzó en su camino, pero al menos ahora tenía un pretexto para no fingir como se sentía, como siempre.
Prendió la radio para reemplazar el silencio absoluto que había allí y así siguieron hasta que se estacionó frente a la casa de los Scott. Ninguna supo que decir, es más, Michelle se quedó mirando el volante, pensando cómo podía despedirla.
—Uhm, Michelle —le dice desabrochando el cinturón— ¿Por casualidad te has olvidado una chaqueta negra ayer?
—Si —dijo con una sonrisa—. La he estado buscando, creí que la había perdido.
—Entonces baja conmigo así te la doy ¿Si? —dice mordiendo su labio inferior.
—De acuerdo.
Desabrochó su cinturón y bajó del auto para seguir los pasos de Sarah, quién ya había comenzado a caminar hacia la casa.
—Que amable —pensó Michelle.
Sacó su celular para revisarlo ya que el camino tenía unos largos metros y allí se encontró con un mensaje de su compañera de trabajo.
Alycia
Creí que te vería hoy :(
Hey All. Estoy en un asunto. ¿Cómo está todo por ahí?
Aburrido sin ti. Halsey me da órdenes, se cree la jefa.
Intenta no ser tan mala con ella.
¿Harás algo esta noche?
—¿Quieres entrar Michelle? —preguntó Sarah al ver que ella estaba tan entretenida con su celular que se había quedado quieta en la puerta principal.
—Si, lo siento, estaba contestando un mensaje.
Sarah puso los ojos en blanco en cuanto le dio la espalda y comenzó a caminar, sin esperarla otra vez.
Quiso suspirar cuando vio a su padre bajando las escaleras, lo último que esperaba era verlo a él cuando estaba de mal humor. COmo siempre, él la recibía sonriente, con los brazos abiertos, pero al ver su cara de perro decidió no abrazarla.
—¡Hija! —Louis caminó hacia ellas con una sonrisa—. Hola Michelle —dijo mirándola—. ¿Qué haces por aquí?
—Un idiota me ha chocado, ella me encontró por casualidad y me trajo a casa —dice de mala gana.
—¿Te encuentras bien? Tienes la cara marcada —dijo mirándola preocupado, mientras intentaba tocarla, pero ella se fue hacia atrás.
—Fue solo un golpe, no te preocupes. Michelle, iré por tu chaqueta, espérame.
—No hay problema —sonrió.
—Gracias por traer a mi hija, Michelle —dijo amablemente
—No se preocupe.
—¿No tenían clases hoy? —pregunta totalmente perdido.
—No señor, hoy es el día libre. Tengo que venir mañana —dice mirándolo.
—De acuerdo. Necesito hablar contigo de algo, pasa mañana por mi oficina —asiente mientras se lo dice.
—Mañana estaré allí. ¿Antes o después de la clase?
—No sé que reunión tendré mañana, pero mejor cuando terminen.
—Está bien, no se preocupe.
Michelle se quedó observándolo luego de que él sacara su celular y comenzara a teclear cosas frente a ella. Lo cierto era que Louis esperaba a su hija para poder darle las noticias, de lo contrario ya se hubiese largado hace rato.
—¿Es esta? —preguntó Sarah bajando las escaleras.
—Oh si, gracias —sonrió y la miró por unos segundos.
—Hija, tengo que hablar contigo —le anuncia totalmente ajeno a las miradas de las chicas.
—¿Qué ha pasado? —suspira por sacarla de los ojos de aquella chica.
—Ha llamado el señor de la inmobiliaria, ha dicho que puedes ir a ver el departamento.
—¿Puedo ir ahora?
—Si cariño, tienes que llamarlo antes.
—Mierda —dijo mordiendo su labio inferior.
—¿Qué pasa?—preguntó Louis dejando el celular a un lado.
—Mi auto no funciona ¿Puedes prestarme el tuyo?
—Lo siento Cariño, pero ya debo irme. Puedes ir en taxi porque Luke no volverá en algunas horas más.
—Odio los taxis —gruñó
—Puedo llevarte —se ofrece Michelle tímidamente
—Ahí está, Michelle te llevará. Gracias —sonrió agradecido y miró a su hija—. No me esperes para cenar, llego tarde. Adiós
—Lo último que me faltaba era un chofer —dijo susurrando
—Si no te gusta la idea puedes ir en taxi Sarah, intento ser amable, no es mi obligación.
—Lo siento —sus ojos arrepentidos le decían que lo decía en serio—. Estoy de mal humor, no es por ti. Lo siento.
—No te preocupes.
—¿Quieres ir por un batido? —la mira con una media sonrisa—. Es mi manera de disculparme. Me has ayudado mucho hoy y te lo agradezco
—De acuerdo, pero solo si cambias ese humor —responde peinando su cabello.
—Trato hecho —guiñó un ojo divertida—. Solo espera que voy por mi billetera.
Después de todo fue un muy buena idea, Sarah cambió su humor completamente. El batido de fresa y la charla entretenida de Michelle dio en el punto justo. Ahora ella estaba relajada y tan descarada como siempre, por lo que la pelinegra aprovechó y puso música en el auto, comenzando a cantar por lo bajo.
Llegaron al lugar en donde la latina indicó que quedaba el nuevo edificio. La verdad es que a Michelle le pareció lujoso por demás, el lugar era céntrico y se podía notar que demasiado caro, pero no dijo nada. Sarah miró y luego se volvió hacia la chica.
—¿Me acompañas adentro? Quiero una segunda opinión —sin esperar respuesta baja del auto.
Michelle sonrió y negó con su cabeza mientras que apagaba el coche, tomaba su bolso y la seguía hacia la entrada. Al menos la latina tuvo la decencia de no dejarla tan atrás.
Ambas saludaron con una sonrisa y siguieron al chico hasta el ascensor. Él parecía muy entretenido contándole sobre el edificio mientras Michelle se fijaba que el piso a donde irían sería el último mientras se preguntaba que diablos hacía ahí.
—Esto sería la sala —iba explicando aquel hombre mientras señalaba los espacios—. Esa escalera caracol iría al primer piso, que se encuentran las habitaciones.
—La escalera es preciosa —dijo Sarah mientras miraba hacia arriba— ¿Cuántas habitaciones?
—Cuatro —ella asiente—. Si quieren pueden ir a ver las habitaciones mientras acomodo estos papeles —sugirió
Sarah la tomó de la mano y la arrastró escaleras arriba, quería llevarla para ver el paisaje.
—¿Qué te parece? —le preguntó Sarah una vez que estaban arriba.
—Es hermoso ¿Pero no es demasiado grande para ti?
—Estoy acostumbrada, mi casa es enorme y prácticamente vivo sola —dijo levantando sus hombros—. Pero creo que tienes razón.
—¿Cuatro habitaciones? —preguntó Michelle contando las puertas del pasillo— ¿Vivirás sola?
—Son cuatro y un baño arriba —suspira—.¿Piensas que es mucho?
—Bueno, no quiero opinar, debería gustarte a ti.
—Pero quería que vengas para que me des otra opinión.
—¿Piensas ponerte una oficina o algo además de tener tu habitación?
—Quizás si. Un escritorio, una sala para hacer yoga, no sé.
—Bueno, en ese caso no creo que esté tan mal —murmura.
Sarah se acercó al balcón de la habitación principal seguida por Michelle, había una brisa fresca y el atardecer era espectacular. La latina pensó que esa era una escena de película, pero rió internamente cuando pensó que su situación no tenía para nada que ver, es más, aquella chica que tenía delante suyo ni siquiera la registraba. Cierra los ojos por un momento y cuando los vuelve a abrir mira como Michelle está observándola bastante concentrada.
—¿Porque me miras tanto? —preguntó Sarah levantando una ceja
—Lo siento, me quedé pensando algunas cosas —murmura ella.
—¿Que cosas?
—Cosas —respondió simplemente.
—¿Te gusto? —una sonrisa burlona se escapó de sus labios.
—¿Disculpa? —levanta una ceja.
—No te lo tomes tan personal —suspiró—. Es solo una pregunta ¿Puedes responder?
—Depende, primero quiero que me respondas algo tú.
—Claro, solo dímelo. —Michelle miró la sonrisa de Sarah mientras esperaba aquella pregunta.
—¿Siempre besas en la oscuridad a mujeres al azar?
Ella podía jurar que la mandíbula había caído prácticamente al piso y festejó internamente porque sabía que ella jamás se hubiese imaginado que recordaría eso.
Michelle la había reconocido al instante, incluso ella la vio antes de que se acercara a besarla. Mentiría si dijera que quería negarse, pero no iba a reconocerlo, esto estaba muy mal.