—¿Te has quedado muda, Cielo? —preguntó con una sonrisa divertida —Soy Michelle... —contestó levantando una ceja— ¿Y tú quién eres? Dinah rió mientras Michelle pensaba porque aquella chica ponía tan incómoda a Sarah. Se podía notar la tensión en el ambiente y cómo ambas se dedicaban miradas de muerte. Sin dudas, sea quien sea, no era bien recibida por la dueña de la casa. —¿Tienes algo que hacer mañana por la noche? —pregunta escaneando su cuerpo con la mirada. —¿Disculpa? —levanta ambas cejas. —¿Eres sorda? —suspira y sonríe a medias—. Te estoy invitando a salir. —¿Qué es lo que haces aquí? —interrumpe Sarah con su voz irritada, no quería que esa mujer se acercara a Michelle. —Bueno, al parecer no soy bienvenida aquí —aclaró su garganta y sonrió cínicamente. —Definitivamente no.

