Miami, 26 de diciembre. 14:04 pm —¿Por qué diablos aún no estás aquí? —gruñó Maddison molesta a través del teléfono. —Mierda, Maddison —suspiró—. Aún tengo resaca de Navidad ¿Puedes parar? —No. Tienes que cumplir con tu parte del trato, así que te espero cinco minutos más. —¿Es que no puedes entrar a la empresa sin necesitarme? —suspiró —Creí que querías dinero también. —Estoy llegando, deja ese humor de mierda. —Estaba tan feliz —suspiró—. No todos los días se roba algunos millones. —Lo que no entiendo ¿Por qué debemos entrar a la empresa si el dinero no está físicamente allí? —Porque Louis tiene las cuentas abiertas desde esa computadora —suspiró—. Él piensa que nadie puede entrar a su despacho —rió suavemente—. Solo será para pincharlo un poco. —Estoy a unos metros. ¿Iremos a

