Jonathan Mientras me tumbaba en el sofá, esperaba a que las chicas terminaran su charla. —Pero Alena no tiene por qué dejarme fuera cada vez —me quejé—. A mí también me gustaría participar en sus charlas. Pero entonces entendía el cariño de Alena por Ciara. Probablemente se debía a que Ciara llenaba las cicatrices que Julia le dejó. —¿En qué estás pensando, grandullón? —dice Alena, dejándose caer a mi lado en el sofá. —¿Tú y Ciara ya terminaron con sus charlas? —Sí, ahora es toda tuya —pregunta con cara seria—. ¿Ya le has contado a Ciara lo del “ya sabes qué”? Se refería a que quería solicitar un trabajo de oficina. —Sabe que hay algo que quiero decirle, pero le pedí que me diera más tiempo. —Lo vas a lograr, papá, así que no te preocupes. Inclinándome hacia Alena, le doy un suav

