Capítulo 5

2091 Palabras
Valeria Harry sonríe cuando se da cuenta de que, al final, burlamos a la seguridad de mi casa. Yo siento la adrenalina recorriendo todo mi cuerpo, provocada por la pequeña acción que acabo de realizar. Es la primera vez que salgo sin mi madre o alguno de sus empleados cuidándome desde lejos. No hay Alonzo ni empleadas chismosas; no hay un apellido que me diga cómo debo comportarme. —Pareces feliz —comenta Harry, guiándome hasta un coche viejo pero en buen estado. —Lo estoy —respondo, y se siente tan bien decir cómo me siento sin que me sermoneen por ello. —Vamos, damisela, tenemos un concierto que disfrutar —dice, abriendo la puerta del coche para mí. Le sonrío antes de entrar. Me coloco el cinturón de seguridad mientras él rodea el coche para subir al asiento del conductor. Harry enciende la radio, pero no está tan alta como para que no podamos conversar. Por eso giro mi cuerpo, observando cómo pone el auto en marcha. —¿A dónde iremos? —pregunto con interés. Él sonríe y me lanza una mirada de reojo. —Me gusta más tu pelo que esa peluca. La peluca es fea, pero a ti te queda muy bien —asegura, regalándome una mirada que no sé interpretar. —Aún no me dices a dónde iremos —insisto. Harry suspira con fuerza. —Es un bar. Lo cerraron para el pequeño concierto. Te dije que no eran muy populares. Tienen buenas canciones, aunque algunas son muy malas. En vez de cantar, parece que le gritan al micrófono —su declaración me hace reír. —Qué cruel eres —señalo, y él se encoge de hombros. Ahora que está concentrado en la carretera, puedo detallarlo un poco más. Harry tiene ese cabello color caramelo, y sus ojos grises van acompañados de pestañas claras que los enmarcan de forma increíble. Tiene una linda nariz, y mis ojos se enfocan en sus labios. No son carnosos, pero lo suficientemente atractivos para verse muy sensuales. Su cuerpo no está lleno de músculos, pero es fuerte. Posiblemente tenga los abdominales marcados. Giro el rostro hacia otro lado cuando pensamientos de Harry sin camisa comienzan a ocupar mi mente. Debo estar realmente desesperada para caer ante la primera invitación que me hacen. A este chico lo he visto como tres veces en mi vida, pero transmite una confianza que debería hacerme temer. Y, en lugar de temer, me encuentro en su auto rumbo a un concierto del que ni siquiera sé la ubicación. Harry tararea una canción y me quedo en silencio, porque no tiene mala voz. Por eso lo dejo continuar cantando lo que suena en la radio, hasta que dejo de entender lo que dice: comienza a sonar una canción en español, y yo apenas controlo lo básico del idioma. —¿Hablas español? —comento, y él asiente sonriendo. —Mi mamá es latina —responde. Asiento en señal de comprensión. —Siempre pensé que era tu padre el latino... digo, por su nombre —él sonríe sin apartar la vista de la carretera. Gira en una curva y luego continúa en línea recta. La música sigue sonando, y por primera vez en mucho tiempo me siento cómoda así. Sin tener que fingir ser perfecta, hablando de lo que quiero con una persona, y no de lo que debo hablar para no parecer aburrida... o, peor aún, sin quedarme en silencio como si no tuviera derecho a tener una voz propia. Creo que Harry nota que me apago un poco, porque se detiene en un semáforo y sus bonitos ojos grises me observan con curiosidad. Le regalo una pequeña sonrisa ante el escaneo silencioso de mi rostro. —Pareces relajada —dice, y luego vuelve la mirada al frente—. Me gusta verte así —confiesa mientras pone el coche en marcha al cambiar el semáforo. Sin decir nada, bajo el cristal de la ventana y disfruto de la plenitud que me da la fría brisa de la noche en el rostro. ¿Hace cuánto no disfrutaba de algo tan pequeño como este momento? El camino continúa en silencio, hasta que el sonido lejano de una música que no reconozco comienza a escucharse. Cuando Harry se detiene, me doy cuenta de que hemos llegado. Me giro a mirarlo mientras subo el cristal. Él es rápido en quitarse el cinturón de seguridad y abrir la puerta. Hago lo mismo, quitándole la oportunidad de hacerlo por mí. Mis ojos se dirigen al bar frente a nosotros, que parece estar a tope. Pero Harry, con confianza, toma mi mano y me insta a caminar. Es tan alto y cálido que lo sigo en silencio. Solo me suelta para entregar las boletas, justo cuando suena su teléfono y él atiende la llamada. Estoy tan enfocada en observar el lugar que no presto atención a nada más. Muchas personas ríen, las mesas están ubicadas en los laterales, y el centro está inundado de gente frente a una tarima vacía. Cuando Harry cuelga, me indica hacia dónde caminar. Es incómodo, pero emocionante, estar entre esta masa de personas que gritan ebrias de alegría. Algunas simplemente conversan, aunque deben elevar la voz por la música alta. Se siente como entrar en un mundo paralelo. Es tan raro como emocionante, así que sonrío a personas que no conozco pero que son amables. Hay un ligero olor a tabaco y cigarro, pero estoy demasiado ocupada disfrutando de lo que este lugar me ofrece como para dejar que eso me incomode. Cuando nos detenemos, miro a una chica morena que observa a Harry con una sonrisa. Su piel parece una barra de chocolate, su cabello es afro, y tiene unos ojos increíblemente marrones que realzan lo hermosa que es. A su lado, hay una chica de piel clara y cabello rubio que también le sonríe a Harry antes de beber de su copa, de lo que sea que esté tomando. Mi atención vuelve a la morena que se engancha en un abrazo afectuoso con Harry, haciéndolo reír. Ella besa su mejilla antes de observarme con curiosidad; sus ojos viajan a nuestras manos entrelazadas y, por inercia, las separo, sonrojándome de inmediato. —Vaya, pero qué chica tan preciosa —dice, y lo último no lo entiendo porque habla en español. —Disculpa, no entendí lo último —comento con confusión. Harry sonríe y se acerca a mí; se inclina hasta que sus labios rozan mi oído. El cálido aliento me estremece de inmediato. —Te acaba de decir “preciosa” —susurra como si se tratara de un secreto ultraconfidencial—. Ella es Melissa, mi mejor amiga. Le tiendo la mano a la chica, pero ella la ignora y me da un beso en la mejilla. —La chica a su lado es Paula —añade Harry. Ella levanta su vaso antes de volver a beber—. Chicas, ella es Valeria. Melissa se acerca, observándome con mucha curiosidad. Lo raro es que, cuando alguien me mira así, normalmente me incomoda. Tal vez es la emoción en sus ojos, o esa energía tan viva que no intenta ocultar, lo que hace la diferencia. —¿De dónde saliste? Pareces una hermosa muñeca de porcelana —comenta, antes de girarse para ordenar una bebida al chico de la barra—. Aunque tu cabello tiene una forma rara… Harry comienza a reír, sabiendo que no es mi cabello natural. —Es una peluca. Queremos ser discretos… —¿No me digas que eres hija del presidente o algo así? —La diversión y emoción se reflejan en sus ojos. —No seas molesta, cariño —interviene Paula, la chica que Harry mencionó. Pasa el brazo por encima del hombro de Melissa, quien es más baja que ella. Es tan extraño. Mientras Melissa es toda curvas y cuerpo, el tipo de figura que muchas envidiarían, Paula es delgada y alta, mucho más que Melissa. Es rubia, con aires de que la vida la cansa, mientras que la morena parece amar cada segundo que pasa sobre la tierra. Una combinación que me gusta, aunque no deja de parecerme rara. —No creo que a Valeria le moleste. O espera… ¿soy molesta? —pregunta divertida. Paula niega con una sonrisa antes de volver a beber de su vaso. Harry solo nos observa en silencio, con una pequeña sonrisa en los labios. ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que personas de mi edad me hacían sentir tan cómoda? Ellas no me lanzan esas miradas disfrazadas de sonrisas; todo lo que me transmiten parece natural. No como Juliet y Marie, que disfrazaban sus intentos de conversación para sacarme información y luego usarla en mi contra, o burlarse de mí. Se supone que con ellas debería sentirme cómoda, pero solo sentía un ahogo cada vez que se acercaban. En cambio, estas personas que acabo de conocer me hacen relajarme sin darme cuenta. —No me molesta —respondo finalmente. —¿Quieres algo de tomar? —pregunta Harry, y muerdo mi labio inferior. —No sé qué tomar —respondo, y él se ríe, pasándose las manos por su cabello caramelo, desordenándolo. —Yo te ayudaré. ¿Una cerveza? —pregunta. —Nunca he probado una —abre los ojos, sorprendido. —De aquí no te irás sin vivir la experiencia —se aleja, y me quedo con las dos chicas. —Harry es un buen chico, ¿cierto? —asiento, dándole la razón—. Es mi mejor amigo desde que tengo memoria. Aunque creo que tuve que obligarlo a serlo. No quería saber nada de mí, hasta que le puse pegamento en su cuaderno de música. Fue entonces que prestó atención. Me llamó loca, pero luego se rió cuando descubrió que él había hecho lo mismo con mi cuaderno de dibujo. Sí, nuestro acercamiento fue a base de pequeñas bromas —me río, imaginando lo divertido que fue. Yo nunca tuve un acercamiento así. Desde pequeña, las personas con las que convivía eran como pequeñas víboras, haciendo solo lo que sus padres les recomendaban. Solo tuve una amiga verdadera. Era dulce, pero lamentablemente se fue del colegio y perdimos contacto. Fue divertido mientras duró... una lástima que no pudimos seguir igual. —Ellos siempre están haciéndose bromas. Si los ves pelear, ni te preocupes; es su forma de demostrarse cuánto se aman —dice Paula, dirigiéndome una mirada directa con sus ojos azules. La boina que lleva combina perfectamente con sus vaqueros y su blusa corta. Se nota que es una persona que va por el mundo como le gusta, sin importar lo que otros impongan. —Amor, exageras un poco —dice Melissa, haciendo un puchero con sus labios carnosos. Paula rueda los ojos antes de acercarse a ella y morderle suavemente el labio. Creo que un jadeo se escapa de mis labios. Lo confirmo cuando ambas chicas giran a mirarme con curiosidad. —Oh, somos pareja. ¿No te lo contó Harry? —pregunta Melissa, y niego con la cabeza. —A ver... ¿eres de esas personas que juzgan a otros por amarse? —cuestiona Paula, con un tono a la defensiva. ¿Cuántas críticas habrán tenido que soportar para que un simple gesto convierta a una chica sonriente en alguien lista para atacar? —No tengo problemas. Solo me tomó por sorpresa —respondo, y ella se relaja de inmediato. —Me caes bien. He conocido gente como tú, con dinero, de “alta sociedad” —pongo cara de sorpresa, lo que provoca su risa—. No te sorprendas. Mírate: pareces sacada de una caja de cristal. Las personas del “bajo mundo” identificamos con facilidad a los de tu tipo, Valeria —aclara—. Pero a lo que iba: muchos creen que somos fenómenos y alzan el dedo como si tuvieran autoridad para juzgarnos. ¿Sabes cuántos de ellos ocultan sus fechorías detrás del dinero? —pregunta con molestia—. Ah, pero dos mujeres amándose sin hacerle daño a nadie... eso sí que es digno de críticas, acusaciones e injusticias. El mundo está muy jodido. Melissa abraza la cintura de su novia con ternura. —Aquí tienes —dice Harry, apareciendo con una cerveza que tomo con curiosidad. —Vamos, tienes que beber. Está deliciosa —le doy un trago y la verdad es que sabe mal. Él sonríe divertido. —¡Ya llegó la banda! Señoritas, vamos, que la fiesta apenas comienza —anuncia con emoción.
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