Cincuenta y ocho

1629 Palabras

Marcos ingresó a la hacienda hablando por teléfono, su voz retumbó en las altas paredes llegando hasta el comedor, donde se encontraba Maite quién apenas se había levantado y se encontraba desayunando. Se levantó del comedor para confirmar si aquel hombre era su esposo, aunque su voz era inconfundible. Se le hacía extraño que hubiera regresado a esa hora, cuando hace apenas cuatro horas que había salido. —¡Mierda! —, espetó al colgar. Cuando levantó la mirada encontró a Maite parada en la puerta que direccionaba a la cocina, los dientes de Marcos se ajustaron y la miró con desprecio, esa mujer era la culpable de todas sus desgracias, porque todo lo que estaba sucediendo era nada más que, su culpa. —¿No dijiste que no vendrías a dormir? —¿Cuál es el problema que haya venido?, es mi casa

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