—¿Son todos?— preguntó a través de la puerta abierta. Fue Yvonne quien le respondió. —Llevé ayer a Cartier las esmeraldas y el juego de zafiros de la Duquesa. Los enviarán mañana, después de limpiarlos Gardenia cerró la caja de un golpe. -—Debemos partir —le dijo a su tía. Tambaleando un poco, la Duquesa se puso de pie Gardenia comprendió que su tía había perdido toda fuerza de voluntad y que, por lo tanto, obedecería cualquier orden que se le diera. —Milady no puede viajar así —le dijo Yvonne. La doncella corrió presurosa al guardarropa y regresó con un abrigo de viaje confeccionado en delgada gabardina. —Tal vez milady prefiera llevar en el brazo las martas cibelinas; en caso de que haga frío en el barco— sugirió. —Sí, por supuesto, es una buena idea— asintió Gardenia. Vio otr

