Tomé a Sofía en brazos, sintiendo cómo su pequeño cuerpo se aferraba a mí con inocencia. No entendía nada, pero yo tampoco tenía tiempo para explicaciones. —¿Qué ocurre, Dani? —preguntó con voz suave—. ¿Vamos al hotel? —No, mi amor —respondí con firmeza, girándome rápidamente. En ese instante, Bruno se acercó con el ceño fruncido, notando mi agitación. —¿Dani? Lamento lo que pasó, yo... —comenzó a decir, pero lo interrumpí. —Bruno, necesito irme. Por favor, sácame de aquí —le supliqué, intentando controlar el temblor en mi voz. Él me miró con preocupación. —¿Qué está pasando? —Por favor, no preguntes nada —rogué, sintiendo la angustia cerrarse sobre mi pecho. Bruno exhaló, mirándome fijamente antes de asentir. —Está bien... Vamos por mi carro. Bruno me guió rápidamente hacia su

