Aleksei La impotencia me carcomía al ver a Elena con el brazo ensangrentado. Estábamos en su habitación, esperando al doctor, mientras ella se esforzaba por contener el dolor. Maldita sea. ¿Acaso nadie tenía piedad? Ni mi abuela ni mi tío se habían movido para ayudarla. Su expresión era serena, pero sus labios apretados delataban el sufrimiento que intentaba ocultar. —Debes volver con tu prometida... —su voz fue apenas un susurro, quebrada por el dolor. Negué con la cabeza, acariciando su hermoso rostro. No podía dejarla así. Algo dentro de mí se rebelaba ante la idea de marcharme y fingir que esto no había sucedido. La puerta se abrió de golpe, interrumpiendo mis pensamientos. Mi tío Lucas entró junto con el doctor, un anciano de semblante serio. —Tiene un cristal incrustado —explicó

