Daniela Me siento en el cielo. Me aferro a las sábanas mientras él explora mi cuerpo con su boca, deslizándose con maestría hasta mi punto más sensible. Un escalofrío me recorre cuando encuentra mi clítoris y lo succiona, arrancándome un gemido entrecortado. —Eres deliciosa, nena… —murmura con voz ronca, enviando vibraciones que me hacen temblar. Cuando el placer se vuelve insoportable, mis manos se enredan en su cabello, jalándolo con desesperación. Sus ojos azules me atrapan en una mirada intensa, devorándome sin decir una palabra. —¿No te cuidarás, Aleksei…? —indagué, mi voz apenas un susurro. Él esboza una sonrisa traviesa antes de ascender lentamente por mi cuerpo. —Quiero sentirte por completo, nena… —responde, su aliento cálido rozando mis labios, prometiéndome lo inevitable.

