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4830 Palabras

quien hizo que desde ese primer encuentro, él se dedicara a consentirla en todo cuanto pudiese.           Se fundieron en un abrazo espectacular. Él la cargó con sobrada facilidad y lloró como llora un niño al sentirla tan caquéxica. Era verdaderamente un esqueleto forrado en una especie de pergamino en la que se le había transformado su piel. Los estragos de la enfermedad ya habían llegado al límite de lo tolerante. Ya su cuerpo estaba minado de aquellas secuelas perniciosas que eran pues, irreversibles. Ella ya en sus brazos, sin decir una palabra más ni quejarse ya de nada, sólo le besaba insistentemente todo el rostro. Fueron unos besos tenues, casi imperceptibles; pero eran sus besos, los besos dirigidos hacia un hombre que para ella, resultaba ser más que un héroe, era el único homb

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