En toda su belleza estoica, una lágrima solitaria dorada dejaba un camino a través de su mejilla. Susurró con una voz sincera, una voz que nadie, sino ella había escuchado jamás, "Sólo me gustaría que no hubiera esperado más de mil años para mostrar que... Te amo." ***** Toya se sentó en la hierba en la cima de la colina cerca del destruido Santuario de la doncella mirándola. Incluso desde esta distancia pudo sentir su dolor y tristeza y se preguntó si alguna vez realmente sanaría. Él la amaba tanto. Toya alcanzó a limpiar el desgarro plateado que había caído en la mejilla. "Kyoko... Te amo lo suficiente como para dejarte ir a él". Observó sin pestañear mientras el aire alrededor de Kyoko se vacilaba y ondulaba. Una sonrisa triste inclinó las esquinas de sus labios a la vez que una luz

