— ¿Quieres dejar de comportarte como un imbécil? — le recriminaba cuidadosamente a mi esposo, pues varios en la fiesta nos miraban inquietos.
Él ni se molestó en mirar a nuestro alrededor, pero yo estaba un poco asustada en ese sentido.
No había sido fácil mantener la falsa de la boda en pleno luto, como para explicar el tema riña entre el novio y un familiar.
— Si mi sinceridad te abruma lo siento cariño, ya firmaste.
¡Dios que exasperante era y solo llevaba un rato casada con él!
Tomé a mi primo de la mano y simulamos que cambiabamos de pareja de baile y mi marido se puso a bailar con mi tía y a conversar, no podía saber de qué.
— ¿ Que te pasa nené? Necesitas calmarte — le decía a mi primo, sintiendo como acariciaba mi espalda mientras bailabamos — pronto te irás de regreso a París y no tendrás que ver a Aarón todo el tiempo, voy a estar bien y lo sabes. Soy fuerte.
Decidí ignorar el episodio de la playa y dejar implícito en mi comentario, que lo mejor sería que regresara a París y siguiera con su vida.
— Te he extrañado tanto nena y llegar ahora, tener que sufrir la pérdida del abuelo. Y ahora ver a mi más grande amor en brazos de un imbécil que no sabemos porque hace esto, me pone de los nervios— me guió en el baile y a ratos cruzaba miradas con Aaron que no me quitaba ojo — No quiero que te acuestes con él y los he visto besándose con tanta pasión, que me preocupa Sammy que llegues a desear a ese gilipollas y te líe nena, es que sé que te va a liar.
Hablaba tan rápido que casi le faltaba el aire. Estaba enfadado y preocupado, pero yo estaba segura, de que podría lidiar con este tío. No iba a poder conmigo.
— No voy a volver a París Sammy — soltó de pronto y se vieron echadas por tierra todas mis esperanzas de alejarlo de lo que estaba por venir e incluso de mí y mi bendito matrimonio que aún no sabía como iba a salir.
— ¿Cómo? — alcé la voz, tanto, que mi padre vino y nos regañó por estar dando imágen de molestia entre todos, y me ví de pronto en los brazos de mi marido nuevamente.
Aunque trataba de ser brusco conmigo, no le salía y yo tampoco me dejaba.
Nos dábamos tirones entre giro y giro y hasta sonreía el muy imbécil como disfrutando de la situación.
Aquella boda se me hizo eterna. No veía las santas horas de salir de allí, de vaciar mi casa de invitados y que la tierra se abriera y me tragara.
— Bueno — decía mi padre, sentándose en nuestra mesa, un rato después, mientras mi marido bebía un whisky y yo un cóctel — supongo que mañana tendremos una junta directiva para analizar lo que sigue a partir de ahora.
— Como comprenderás Edgar — respondía Aarón con familiaridad — quiero conocer mejor a mi mujer y nuestras propiedades. Así que no lo veo necesario aún. Saldré con ella, me enseñará las empresas y demás propiedades que podamos ver y cuando hayamos pensado un rumbo lógico entre los dos, les informaremos en la mencionada junta, pero otro día. No será mañana.
Verlo tan decidido y prepotente me molestó.
Era mi familia, nuestras posesiones y ellos también tenían el derecho, aunque no fuera el legal evidentemente, de opinar e interesarse por nuestro futuro.
Sin embargo, que mencionara que yo tenía voz y voto como él, le dejaba algún punto a su favor. Significaba que estaba bien consciente de que yo era tan imprescindible en todo, como él.
— Iré con mi prima donde sea que vayan — dijo Coleen apareciendo por detrás, parándose contra el respaldo de mi silla decorada en blanco y besando mi pelo desde arriba, aguantado a mis hombros.
Aquello fue la gota que derramó el vaso...
— Si vuelves a interferir en mi vida y la de mi mujer los saco a todos de la villa y hasta ella hará lo que yo diga — Aarón se había levantado prepotentemente y hasta que mi padre no dió un golpe en la mesa no dejó de observar furioso a mi primo.
— No nos amenaces que me llevo a Samantha de aquí y antes te muelo a golpes. No es de tu propiedad y mi sobrino solo se preocupa por ella.
— Tu sobrino está enamorado de mi mujer y nadie aquí se entera — le dijo a mi padre y este, se quedó impactado con la noticia.
Lo siguiente que vino fue un enorme trifulca entre mi marido y mi primo, que acabó con ellos golpeándose y rodando por el suelo, ignorando los pocos invitados aún presentes.
Hasta ese momento, no había notado que nadie en aquel sitio conocía a Aarón. No había familiares suyos ni amigos tampoco. Era solo él.
Golpes fueron y vinieron y mis nervios estaban haciendo mella en mi cordura. Empecé a temblar y casi a llorar.
Algunos invitados cuchicheaban a nuestras espaldas y yo no sabía ni dónde meterme, ni como detener aquello.
Entre mi padre y mis tíos los separaron y Aarón se volvió hasta mí, enfurecido, arregló su traje y se arrancó lo que tenía en el cuello lanzandolo al suelo sin dar una sola explicación.
Vino hasta mí con pasos firmes y gesto soberanamente peligroso, lucía fuera de sí aunque trataba de no parecerlo.
— ¿Vienes? — me ofreció su mano delante de todos y por mucho que quisiera quedarme. No podía hacerlo.
No hacía nada de aquello por mí, ni porque me apeteciera esto o lo otro... Lo hacía por los míos que solo veían en mí boda, un poco de esperanza de seguir viviendo como hasta ahora.
Lo que nadie terminaba de ver, es que yo estaba haciendo mucho por todos y recibía poco apoyo y sobre todo, esto era como un contrato en exclusividad y de forma permanente pues no había término de tiempo definido. Ni persona a la que reclamar una explicación.
Tomé su mano y besando a mi madre que no se inmutaba de los nervios me dejé llevar de allí, de la mano del hombre que más odiaba ahora mismo.
No tenía opción. Mi familia dependía de este maldito matrimonio y nadie podía darse cuenta de que estaba siendo obligada a ser su mujer. Tenía que parecer que estaba con él por voluntad propia.
Coolen estaba un poco ebrio, así que supongo que algo así, habría sido la justificación que prepararon para los invitados.
Ni un adiós ni un nada nos despidió de nuestra propia fiesta. Salimos de allí esquivando todo y a todos y tampoco hubo ramo lanzado a las solteras ni ninguno de los rituales propios de las bodas.
Mientras me llevaba casi a rastros por los jardines, sentía como tropezaba con mi vestido por debajo y ni eso lo detenía.
En algún punto decidí que estábamos lo suficientemente lejos de la vista de la gente y la prensa y comencé a luchar con él, casi a punto de subir al auto.
— Suéltame maldito — me desprendí de su agarre violentamente y sin que él lo impidiera me subí al coche de bodas, que supuestamente nos llevaría de luna de miel y tiré la puerta, arrancandome el adorno del pelo, viendo como se subía por su puerta y conducía rápidamente mientras nos sacaba de la propiedad familiar.
Sentía mis ojos arder, por las ganas de llorar, pero me contenía, aunque eso hacía que me doliera un poco la cabeza.
No quería mostrar debilidad frente a él, pero por dentro estaba rota y sin poder hacer nada para arreglarme.
Miré por mi ventanilla, apoyando la frente en el frío cristal, esperando que me aliviara al menos el dolor de cabeza y me sumí en el espléndido silencio.
Un camino de una hora, nos llevó hasta un hotel de lujo en el centro de la ciudad.
Llegamos a la rampa del mismo y me abrió la puerta, casi haciéndome caer del coche dada mi posición.
— ¿Por qué tienes que ser tan animal? — le dije mientras él tiraba de mi brazo para sacarme del coche nada más aparcar en la entrada y yo luchaba con mi vestido para salir.
— Porque no me vas a ver la cara de estúpido ni tu familia tampoco — dijo entre dientes, apoyándose en el techo del coche con un brazo y tirando de mí con el otro — Eres mi mujer y no quiero que ningún otro desee lo que es mío.
Sus comportamientos posesivos me resultaban repulsivos. Quizás eso fuera un estilo de vida para él, pero no entendía porqué practicarlo conmigo que era la única mujer que tenía y a la única que no podría tener a su vez... Muy paradójico todo.
— No soy tuya Aarón y nunca lo seré. Esto es un acuerdo comercial y una obligación. Solo eso — dije bajito, logrando por fin salir del coche — cuanto antes lo asumas, antes dejarás de comportarte como un salvaje. Se supone que tienes una educación. Demuéstralo.
No se molestó en responde nada. Pasamos por recepción y mostró una identificación que hizo que nos dieran el código de la suite.
De la mano y siendo unos perfectos actores, sonreímos y nos alejamos hasta los ascensores.
Me dejé recostar contra la pared y pensaba en mi padre.
Nadie de mi familia había hecho mucho por librarme de esto.
En el fondo todos lo aceptaban y esperaban que yo cumpliera como una puta, para que ellos pudieran seguir viviendo del dinero que otros nos esforzabamos en mantener, cuando ni siquiera ese era mi principal interés.
— Cumple con tu parte que yo haré la mía. El responsable de tu desdicha no soy yo — solo eso dijo cuando las puertas se abrieron y nos metimos dentro. Juntos, como estaríamos a partir de ahora.
— No insultes la memoria de mi abuelo — le grité y gesticulé agradecida de que solo estuviéramos nosotros en el ascensor.
El viaje se me hizo eterno pero al menos él mantuvo la distancia y el silencio y fue más llevadero.
Las puertas finalmente se abrieron y una suite escandalosamente lujososa se abrió paso antes mis ojos y aunque no tenía que acostarme con él, toda esta farsa empezaba a superarme. Y lo peor era saber, que faltaba muchísimo por caminar aún en este viacrucis.
Cuando lo ví ir hasta el minibar, servirse un trago, y lanzar la pajarita de su traje a la cama, redonda y roja, supe que sería una mujer miserable durante mucho tiempo al lado de este hombre que no amaba, que no me amaba y que además, por alguna razón que desconocía, parecía odiarme.
— ¿Te vas a quedar ahí toda la noche? — me preguntó sin mirarme, dando un largo trago, golpeando la superficie del bar cuando dejó el vaso y sacando su camisa de encima de su cuerpo.
— Déjame en paz — contesté irritada y sacándome los tacones, dejándolos en el suelo, justo en la entrada, dónde aún me encontraba.
— Como quieras.
Y esas últimas palabras, terminaron de romperme.
Nada en mi vida era como yo quería que fuera y estaba haciendo cosas que no quería hacer y que ni siquiera las hacía para beneficio propio.
Me dejé resbalar sobre la madera y sentándose sobre el suelo enmoquetado, comencé a llorar.
Lágrimas incontrolables, que sabían a una tremenda desdicha, y que sin embargo, pesaban como si fueran de oro.
Podía ver cómo las venas de sus brazos se marcaban en su piel, indicando la fuerza que hacía al aguantar el borde de la barra del pequeño bar de la habitación.
Estaba furioso y yo triste por lo caótico de mi entorno.
Sentía que mi vida se caía a pedazos. Que todo iba en decadencia y que poco quedaba por salvar, de lo que un día tuve y denominé libertad.
Sintiéndome furiosa conmigo misma, arrastré las lágrimas que me caían del rostro y me juré, allí agachada, nunca más volver a mostrarme débil frente a él. No me vería derramar más lágrimas.
Fuí hasta el baño, sintiendo su mirada sobre mi cuerpo y cada uno de mis movimientos y me limpié el rostro. Me quité la ropa y me dí una ducha. Larga y caliente ducha. Me lavé el pelo y lo despojé de los brillos que aún tenía por la laca que habían usado para fijar mi peinado y arranqué el maquillaje de mis rostro.
Allí mismo tuve una epifanía.
Me ví de pronto, minando el carácter soberbio de mi actual marido con mis conductas rebeldes y una vez, que estuviera agotado de mí, me dejaría en paz y podría tomar cierta distancia de él.
Mi familia necesita que esté a su lado para mantener la herencia del abuelo y nadie sabe, las náuseas que me produce el sentirme vendida por mi propia sangre, mientras los demás esperan a ver qué tan buena esposa soy para sacar el esperado provecho, mientras quien pone la carne para ser azotada soy yo.
Sin embargo hay que saber afrontar las cosas y este es el momento de crecerse y tomar las riendas de esto, que parece ir desbocado.
Cerré la ducha y cuando me giré, lo ví allí, observando mi cuerpo descaradamente y lejos de cohibirme, entré en su juego.
A fin de cuentas es un hombre con el cerebro a medio cuerpo, tampoco es tan difícil manipularlo con un poco de morbo... Mi idea aquí es prometer y prometer; pero nunca dejar meter.
— Quiero que hablemos — dijo, sin dejar de mirar mi anatomía desnuda. Su prepotencia lo hacía insufrible.
— Yo también quiero cosas y no te las comento — dije saliendo de la ducha, sin cortarme un pelo y caminando completamente desnuda hasta mi maleta para buscar mis bragas.
Lo sentí venir detrás de mí, y me agaché a sacar unas bragas bien sexis, quería provocarlo, pero él no tenía porque saberlo. Encontré unas rojas, con un lacito justo en la entrada de mis nalgas y lo subí con calma, acomodé la tela en mi piel y tiré del elástico como acto final.
— Es muy viejo el truco de la tentación con los hombres Samantha, no voy a caer — dijo y me giré. Caminé hasta él, le acomodé el cinturón del pantalón, sin dejar de mirar y aceptar, que tenía un cuerpo escandalosamente exquisito; pero no se lo haría notar, le miré a los ojos y le respondí — no te confundas Aarón, no me gustas, no me importas, no quiero que caigas en nada porque nada de tí me interesa, solo somos esposos ante la ley y compartimos herencia e intereses, nada más. Muchos desconocidos me han visto así cuando voy a la playa y hago topless así que tampoco es que tú tengas que pensar que porque me estás viendo las tetas me quiero acostar contigo, porque no es así. No equivoques mis propósitos que en nada involucran el sexo contigo. Mírame pero no me toques.¿Vale?
Y dándole un escarmiento, y haciéndole un pequeño gesto divertido en la punta de su nariz, volví al baño y junto a un bote de crema que había sacado de mi maleta, comencé a hidratar mi piel.
— Te dije antes que quería hablar contigo — volvió a decir y se veía algo confundido con mi actitud.
— Habla. Te escucho — espeté desde mi reflejo en el espejo, poniendo crema a mi rostro y haciendo circulos por mi piel, con el cuerpo inclinado y él viendo sin cuidado, todo de mí.
— Siento lo que pasó. Voy a controlarme con tu primo y me disculparé con tu padre.
— Puedes hacer lo que quieras — me dispuse a lavarme los dientes y el rodó los ojos perdiendo la calma — ya te lo dije antes, no me importa nada que tenga que ver contigo. Simplemente vamos a lo nuestro. Ya está. Mantengamoslo simple.
Cuando me vió responder con su frase, se terminó de incomodar y caminó hasta mí, colocó el vaso de su trago en la encimera y me giró con violencia.
Se me cayó el cepillo de dientes y me tomó de la cintura pegándome a él. No podía negar que era muy atractivo y que sus manos en mi piel desnuda me sabía a deseos de probar como sería tenerlo entero dentro de mí. Pero era una chica con un plan.
— Deja ese juego de indiferencia que no te pega — gruñó contra mi boca y nos veíamos a los ojos — si te abro las piernas ahora mismo y me meto entre tus muslos seguro estoy que no te sería tan indiferente.
Subí mis manos lentamente por sus pectorales y me detuve en sus labios con una, mientras la otra se movía hacia su polla, que se sentía dura, por encima de la ropa y la apreté antes de decir — ¿Jugamos a cual de los dos es más indiferente?
Aquella noche dormimos juntos por primera vez.
En la misma cama pero dándonos la espalda.
Después del episodio del baño, él se molestó mucho más porque le pillé la erección cuando iba de machito conmigo y se fue furioso a dormir.
Ahora, mientras él leía el periódico y yo tomaba un café, ambos vestidos y listos para salir a las empresas, evitabamos cualquier roce entre los dos, para que no saltaran chispas otra vez. Y no de las buenas, me refiero a las malas.
Éramos como el perro y el gato.
El perro era él, claramente. Yo era una gata lista para clavar mis uñas al menor ladrido. Era mi herencia, mi familia, mi abuelo y mi maldita vida la que estaba en juego.
— ¿Has acabado? — preguntó dejando el periódico sobre la mesa, parándose y cerrando su traje que le quedaba de muerte, todo n***o hasta la camisa, contrastando con su perfecto pelo rubio, que parecía oro.
— Aún no — dije y me limpié la boca con una servilleta — ahora sí — el resopló y yo sonreí con cuidado y me puse mi chaqueta para salir de allí. Tuvo la descendencia de abrirme la puerta y nos metimos en el ascensor.
Ese día pasamos la mañana y parte de la tarde revisando propiedades y cuentas y más cuentas que me tenían con dolor de cabeza.
Ni siquiera había podido ir a mi pequeño negocio, pero sí estaban avisados de mi boda y supuesta luna de miel.
Ahora, estábamos almorzando con nuestro jefe de personal y dos de los contratistas de la principal sucursal, cuando una conocida voz interrumpió el almuerzo.
— Hola preciosa que gusto verte aquí — disimulé todo lo que pude, pues Aarón me había apretado el muslo por debajo de la mesa y me quería morir cuando alcé la vista y ví a Allan allí, como ignorando el hecho de que estaba con mi marido. Todos ya sabían que me había casado — ¿No me vas a saludar? — me dijo y le sonreí irónica, me fuí a levantar pero Aarón me lo impidió, se puso de pie y le dijo a mi ex — te voy a tener que saludar yo.
En ese justo momento me levanté, me giré hacia Aarón y poniendo las manos en su pecho, lo obligué a mirarme y besó la punta de mi nariz, poniendo las manos en mis caderas, gesto que me calmó bastante pues no quería que volviera a suceder lo de la fiesta. Estaba por pensar que le gustaban las peleas y era un celópata empedernido.
— Hola Allan — me giré entre los brazos de Aarón — un gusto verte pero como verás mi marido y yo estamos en un almuerzo de negocios... Que tengas lindo día.
Me miró y me lanzó un beso provocador, tuve que frenar a Aarón con mi cuerpo y mi jefe de personal nos ayudó con la situación, poniéndose de pie y le pidió a mi ex que nos dejara. Ya lo conocía de otras veces en las que me tuvo que ayudar por los problemas que me daba.
Por suerte se fue y sentí como mi marido hacía fuerza en mis caderas. Estaba molesto. Yo también la verdad.
Nos disculpamos con todos y volvimos a lo que estábamos tratando, sin que dejara de notar, como Aarón besaba mis nudillos durante la comida, sin que yo se lo impidiera. Quizás había notado el miedo, podía decirse que le tenía a Allan y lo nerviosa que me ponía frente a él.
— Hay algo que tenía pendiente analizar con su abuelo, pero no tuve tiempo — dijo uno de nuestros contratistas, que también era contable de la segunda empresa.
— Pues diga lo que se, que ahora nosotros estamos al mando y justo queremos mejorar el trabajo de las empresas y nombraremos un nuevo CEO, pero antes queremos saber que es eso que nos tiene que decir.
Había dicho Aarón, cuando eso era algo que no habíamos hablado.
Supuse que nosotros llevaríamos las empresas. Y aunque era un alivio no tener que hacerlo, me preocupaba a quien pondríamos al mando. Además de que aún no encontraba la manera de librarme de este matrimonio, que no tenía planeado tener para siempre.
Ese detalle era una avalancha permanente en mi cabeza.
Sin embargo lo que dijo el contable, me dejó con más cosas en las que pensar y mucho más por gestionar.
— De la cuenta que su abuelo tenía para la familia — me miró pues sabía que yo estaba al tanto de aquella cuenta. Allí se guardaba mucho dinero y se podía extraer solamente usando una clave que todos teníamos y que no pedía ninguna otra información personal, por lo que no se sabía nunca quien la usaba, pues mi abuelo confiaba en todos y quería que pudiéramos sacar dinero cuánto quisiéramos de la cuenta. Supongo que uno gastaban más que otros pero eso no era una preocupación pues había siempre mucho dinero para usar — alguien ha sacado todos los fondos, el mismo día que su abuelo murió. Horas después de su muerte más bien.
Aauello me dejó con la boca abierta y la mirada sería de mi marido sobre mí.
Aún faltaba que la policía nos diera más información sobre el caso de mi abuelo, pero esto cambiaba un poco las cosas.