Stewart Decker aparcó su BMW y entró en el Hard Rock Casino. Nadie lo reconocía en Hollywood, Florida, por lo que prefería apostar allí. Entró al casino y se sentó en su mesa de blackjack favorita. —¿Cómo está, señor? —preguntó uno de los camareros. —Tomaré ginebra con tónico. Hoy me siento afortunado —respondió Stewart. —Enseguida —dijo el camarero, quien regresó con la bebida. Stewart jugó durante cinco horas seguidas. —Llevo trescientos, muchachos. Es hora de dejarlo —dijo Stewart. —Vamos, quédate otra ronda —dijo Rob, otro habitual del casino. —Tengo boletos para el juego de los Huracanes de Miami. Volveré la próxima semana. —Cuídate, amigo. Nos vemos pronto —dijo Rob. Stewart se levantó y caminó hacia su auto. Sacó su teléfono y llamó a su corredor de apuestas. —Bobby, soy S

