GIANNA Vik aceptó ir a almorzar con su madre, por lo que, tras completar algunos deberes, poco después de la una, salí de su despacho para ir a comer mi almuerzo. La señora Laila dijo que me guardarían mi comida porque en las tardes y las noches debía someterme al horario del Rey, por lo que ya no tenía apuros. Salí como si nada y crucé al pasillo. Ahí encontré a Mark, Markus Safin, que era otro de los cuatro guardias de confianza que le quedaban al pelinegro. Él era calvo y alto, pero no calvo natural, solo que le gustaba raparse por comodidad. —Oh, así que tú me cuidarás hoy —comenté con voz calma. Él me dio una tenue sonrisa y asintió con la cabeza. En mis días en Hiraeth entendí por qué sus escoltas eran tan importantes para Vik. Estos hombres, en especial Thomas, Donovan, Matthew,

