GIANNA Recostada en la cama, mi corazón aún latía con fuerza. Cameron se separó y me miró desde arriba con una sonrisa. Estaba sudado, y el cabello se le pegaba a la frente con cierto detalle. El olor a se.xo embargaba la sala, crudo, penetrante… y me gustaba, me encantaba. —Acércate… —murmuré quedo. Él lo hizo, tanto que lo sentí rozar mi piel, y llevé mi nariz a su cuello para olfatearlo con lentitud. Me hallaba sudada, cansada, pero complacida. No recordaba una vez en mi vida en la que me sintiera de esa forma. Pasé la punta de la nariz justo sobre el particular tatuaje a la derecha de su cuello, una brújula y un león a medias en n***o y gris. —Hueles tan bien —murmuré y besé justo en el centro. —¿Cómo puedo oler bien? Estoy todo sudado y lleno de fluidos. Una sonrisa pintó mis

