GIANNA Al llegar al Palacio, Cameron subió al ala de la tercera planta destinada solo para él, en tanto la señora Laila me pidió que la acompañara a la cocina por un momento. —¿Fue todo bien en la casa de los Abraham? —preguntó. —Sí… —murmuré. Mi rostro aún se hallaba enrojecido por el llanto, y ella solo asintió al darse cuenta. —Llévale este té a Su Majestad. Es de valeriana. Lo ayudará a calmar la ansiedad y a descansar de manera natural. Me acercó una fina taza de porcelana con bordes dorados que tomé. Asentí con la cabeza y me fui escaleras arriba. Al llegar a los aposentos del Rey, pasé de la entrada que, cosa rara, no tenía llave, y entré a una vacía sala de estar. Por un momento, me dije que lo ideal sería esperar ahí, pero la vena de la intrepidez me jaló hacia los pasillo

