Las pequeñas maletas fueron dejadas en el interior del automóvil color n***o que estaba aparcado en una zona alejada a la vista de cualquier persona. Los grandes árboles llegaban hasta un tope tan algo que era bastante indescifrable cuantos pies de altura podía tener. -Cámbiese- escuche la voz de Rubén. Este había estado vigilando a mi lado la casa a la distancia. El de por sí ya llevaba la ropa negra que habíamos acordado, pero yo no había tenido tiempo o por así decir, se me paso por alto cuando habíamos llegado al aeropuerto. El auto que nos llevaría para el concesionario de alquiler de autos ya estaba esperándonos, así que no tome más que unos minutos para poder llegar a él y que nos dirigiera a nuestro destino. Allí se alquiló un auto n***o que Rubén condujo hasta esas zonas. Nue

