Callar algunas veces es el mayor veneno, y lo experimente al no hacerle preguntas a Michel sobre lo de Ana. Ni en esa cena, ni cuando me acurruque en sus brazos para dormir, tampoco en el desayuno o en las tantas veces que tomé mi celular para escribirle... no me sentía capaz, me sentía aterrada y me sentía muy triste de mi propia negación. Temía enfrentarlo porque dependía de él, y estaba creyendo eso de que me quisiera. Mi cabeza estaba hecha un lio, un lio en el que no pude trabajar muy bien, y un lio en el que supe que era tiempo de visitar a mi mejor amiga, por primera vez en ese sitio. Salí temprano del trabajo, pasé por la floristería y compré el ramo de los lirios más bonitos que vi, así conduje hasta el cementerio a la tumba de mi amada madre. No había ido hasta el moment

