CAPÍTULO VEINTICINCO Daskalos dio un paso atrás, forzándose a mantener los ojos abiertos mientras murmuraba las últimas sílabas de su último conjuro. En un hechizo así había muchos elementos, muchas piezas que tenían que encajar a la perfección. Colocarlas todas en su sitio lo había dejado agotado. Había puesto casi todo lo que tenía en este hechizo. Había gastado poder que había acumulado durante vidas, y había usado sustancias que podría viajar por medio mundo y no volver a encontrar. Solo las energías involucradas en las rondas de hechizos podrían haber destrozado a Daskalos y a su casa juntos, dejando tan solo un cráter como muestra de todos sus esfuerzos. También existían otros peligros. Hacía tiempo que Daskalos había construido protecciones contra algunos de los depredadores que
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