Capítulo 11 – Rescatando a Harry y el callejón Diagon.

1819 Palabras
Tras un verano encerrada en el sótano de casa haciendo pociones nuevas para artículos de broma, al fin llego el día en que iría a la madriguera a pasar las últimas dos semanas de mis vacaciones. Cogí todas mis cosas y junto a mi prima Dora aparecimos en la puerta de la madriguera para que segundos después saliera la señora Weasley y me diera un abrazo, quitándome todo el aire. Mi prima se marchó y yo lleve mis cosas a la habitación de Ginny, donde ella me saludo tras recibir un abrazo de oso de mi parte. La pequeña de los Weasley sin duda era la chiquilla más dulce que había conocido. Había crecido mucho desde la primera vez que la vi en la que tan solo tenía siete años. Los gemelos me arrastraron hacia su habitación y nos pasamos más de media semana informándonos sobre los artículos de broma que habíamos fabricado. Ron me había dicho que Harry no le había mandado ninguna carta ni había respondido a ninguna de las que él le había mandado, yo le dije igual de preocupada que a mí tampoco y entre los gemelos, Ron y yo decidimos una noche ir en el coche volador de los Weasley a casa de Harry a buscarle. Cuando llegamos dejamos el coche delante de su ventana y el abrió la ventana, aunque había una verja que impedía que saliera. — ¿Ron, Fred, George, Lyra? ¿Qué hacéis aquí? — preguntó Harry. —      ¿Qué crees? Salvándote, vamos coge tu baúl — dijo Ron. Harry recogió sus cosas y las metió en el baúl. Ron enganchó una cuerda a la verja. —      Mejor aléjate de la ventana. Fred aceleró y arrancamos la verja de cuajo, que cayó a los arbustos del jardín. Se oyó el grito de su tío, llamándole por su apellido, mientras metía su baúl en el maletero. Giramos el coche y Harry le tendió la jaula con Hedwig a Ron y le abrí la puerta para que entrara. —      Petunia, se escapa — dijo su tío muggle, que cogió a Harry por el tobillo para que volviera a la habitación. Entre George y yo sujetábamos a Harry mientras el sacudía la pierna. Conseguimos que soltara a Harry, pero su tío cayó a los matorrales desde el primer piso. Salimos volando dentro del coche camino a la madriguera. —      Harry feliz cumpleaños — dijimos Ron y yo a la vez mientras George suspiraba y Fred conducía. Llegamos a la madriguera cuando ya había amanecido. Entramos por la puerta trasera en silencio para que la señora Weasley no nos descubriera. Harry miraba todo alucinando y yo sonreí entre los gemelos que ya me sacaban una cabeza y media. — No es mucho, pero es un hogar — dijo Ron. —      Para mí es genial — dijo Harry. Yo asentí sonriente. — No tienen nada de qué avergonzarse, yo les cambiaría la casa encantada — Dije sonriendo haciendo sonrojar a los tres pelirrojos. —      ¡¿Pero dónde os habéis metido?! — gritó la señora Weasley, saliendo de a saber dónde. Los gemelos y Ron, que estaban comiendo, escondieron la comida detrás de la espalda. — Harry cuanto me alegro de verte— dijo sonriéndole a Harry mientras se acercaba. — Las camas vacías, ni una nota, ni el coche, podríais haberos matado, os podrían haber visto, perdonad Harry y Lyra esto no va por vosotros — concluyó la señora Weasley sonriéndonos mientras cogía de las manos a los gemelos. — Lo estaban matando de hambre — dijo Ron y todos asentimos — hasta le pusieron barrotes. —      Espera que no ponga yo barrotes en tu ventana Ronald Weasley — dijo la señora Weasley. Ron asustado se giró a mirarnos y nos encogimos de hombros. —      Vamos Harry tienes que desayunar — dijo la Señora Weasley. Ginny apareció en la cocina. — Mami ¿has visto mi jersey? — le preguntó. —      Sí, lo lleva puesto el gato — dijo la señora Weasley. Ginny, que vio a Harry, puso cara de sorpresa. —      Hola — le saludo Harry. Ginny, que solía ser bastante abierta, salió corriendo sin decir nada. Sonreí porque sabía por qué. El señor Weasley apareció y nos saludó para después saludarlo a él también. La señora Weasley le dijo como habíamos venido con Harry y el señor Weasley, emocionado, pregunto qué tal iba el coche muggle encantado. La señora Weasley le riño y luego dijo que estaba muy mal lo que habíamos hecho, aunque todos sabíamos que no nos echaba la bronca de verdad. El señor Weasley le preguntó a Harry sobre la función del patito de goma y, cuando este iba a responder, Errol se estrelló contra la ventana y Percy fue a rescatar al pobre animal, al que siempre parecía darle una angustia. Eran las cartas de Hogwarts. Percy las repartió y horas después todos estábamos delante de la chimenea. — Bien Harry, tu primero — dijo la señora Weasley. — Pero mama, Harry nunca ha viajado con polvos flu — dijo Ron acertadamente. —      Entonces tu primero Ron, para que Harry aprenda — dijo la señora Weasley. Ron cogió un poco de polvos flu y se metió en la chimenea. Todos no apartamos de ella. — Callejón Diagon — dijo alto y claro Ron para tirar los polvos y desaparecer en una llama verde. —      ¿Has visto que fácil? ahora tu Harry — dijo la señora Weasley. Harry cogió polvos flu y se metió en la chimenea. —      Recuerda decirlo alto y claro — le recordó la señora Weasley. Harry asintió. — ¡Callejón Digon! — gritó Harry. — ¿Cómo lo ha dicho? — preguntó la señora Weasley. — Callejón Digon — dijo el señor Weasley, repitiendo lo que Harry había dicho. —      Eso me pareció... — dijo la señora Weasley. Luego se metió Fred y luego George para después meterme yo. —      ¡Callejón Diagon! — dije firmemente tirando los polvos. Sentí como me retorcían el cuerpo mientras ascendía. Salí volando aparatosamente por la chimenea de un sitio muy estrecho, cayendo en blando para oír un quejido. — Por merlín... Esto no es lo mío... — dije un poco mareada. —      Que golpe... — oí decir a George. Levante la vista y estaba tirada sobre George que se había dado un cabezazo contra la pared. Una corriente eléctrica paso por todo mi cuerpo, haciendo que me sonrojara y mi pelo se pusiera tan rojo como el suyo. Me levanté de un salto y miré a otro lado pensando en otra cosa. Fred nos veía divertido desde la puerta mientras George se sobaba la cabeza y me miraba nervioso. Salimos de allí y nos encontramos con la señora Weasley y Ginny. Todos juntos nos fuimos al banco de Gringots donde Harry nos esperaba con Hermione. Una vez dentro fuí a uno de los duendes y le mostré mi varita. Los Weasley, Harry y yo nos subimos a un carro y paramos en la de Harry que cogió dinero y salimos dirección a la de los Weasley. Harry y yo nos miramos con tristeza. Ambos teníamos las cámaras del banco llenas de montañas de galeones mientras los Weasley no tenían más de cien galeones con suerte. No nos gustaba que vieran nuestras cámaras. Por último, fuimos a la mía. Entré y en una bolsa puse todos los galeones que consideré suficiente para los materiales y todo el año. Salí y todos nos fuimos a la puerta donde nos reunimos con Hermione y sus padres. Fuimos a la librería a comprar los libros. — Mira todos estos libros, son todos de ese mago... — dije con pesadez mientras la señora Weasley suspiraba. — No sé qué le veis — dijeron los gemelos. —      Oye a mí no me incluyáis... — proteste ganándome que me revolvieran el pelo. Cogimos los libros y observé la tienda desde la cola con los gemelos uno a cada lado. La mayoría eran brujas que miraban a ese mago, del que nunca me acordaba del nombre y, que acababa de salir a firmar libros. Un reportero entró y se puso al lado de nosotros. El mago ese cogió a Harry de la capa y lo arrastró literalmente para que el fotógrafo le hiciera unas fotos. Bufé. —      Solo quiere a Harry para hacerse más famoso, que asco de hombre — dije mirándole mal mientras me cruzaba de brazos y los gemelos me pasaban un brazo por cada hombro. Cuando al fin lo soltó la señora Weasley se quedó en la cola con todos los libros para que se los firmara. Mientras nosotros nos salíamos a la puerta. — Te habrá encantado eh Potter — le dijo un niño rubio a Harry antes de salir de la tienda, un niño que conocía muy bien. — El famoso Harry Potter, ni siquiera en una papelería evitas ser el protagonista — le dijo Draco a Harry. — Déjale en paz — dijo Ginny, avanzando cabreada. — Oh vaya Potter, veo que tienes novia — dijo Draco cuando un bastón lo aparto, el padre de Draco, Lucius. — Eh Draco se más amable, el señor Potter y mi... querida sobrina Black, que... alegría verte... — dijo lo último con asco, a lo que le mire mal. —      Una pena que no sea mutua esa alegría — Susurre lo suficientemente alto como para que todos me escucharan, haciendo que Lucius me mirara con odio. — Lucius Malfoy, al fin nos conocemos — le dijo a Harry tendiéndole la mano — Discúlpame — dijo atrayéndolo y mirando su cicatriz. — Tu cicatriz es una leyenda, al igual que aquel que te la hizo — dijo Malfoy padre. — Voldemort mató a mis padres — dijo Harry para alejarse unos pasos — No es más que un vulgar asesino. — Has pronunciado su nombre, eres muy valiente, o muy insensato. — Temer un nombre solo incrementa el temor de lo nombrado — dijo Hermione sabiamente. — Y tú debes ser... la señorita Granger, si, Draco me ha hablado mucho sobre ti, y tus padres... Muggles ¿no? — dijo Lucius. — Y vosotros pelirrojos, mirada perdida, libros de segunda mano...debéis de ser los Weasley... — dijo Lucius. — Chicos, esto es una locura, vámonos — dijo amablemente el señor Weasley. — Vaya, vaya, Weasley padre — le dijo al señor Weasley. — Lucius... — dijo el Señor Weasley. — Cuanto trabajo en el ministerio, Arthur, con tanda redada...espero que te paguen las horas extra, aunque por el estado de esto diría que no... ¿Qué sentido tiene deshonrar el nombre de mago si ni siquiera te pagan bien por ello? — dijo Lucius. — Tenemos una idea muy distinta de lo que deshonra el nombre de un mago, Malfoy — dijo el señor Weasley. —      Sin duda — concluyo Malfoy — Relacionarse con muggles...pensé que tu familia no podía caer más bajo, te veré en el ministerio — dijo para girarse y marcharse de allí.
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