Capítulo 2 - ¡¡¡TENEMOS A POTTER!!!

1491 Palabras
2 años después ¡¡¡Boom!!! Eso fue lo único que se oyó en todo el expreso de Hogwarts. Todos los alumnos se giraron asustados y alarmados en la dirección de la que provenía el sonido. Por el pasillo los alumnos eran apartados por tres jóvenes que reían a carcajadas, recibiendo las quejas de los alumnos que eran empujados. Ya lejos de la explosión, que ellos mismos habían provocado, dejaron de correr y se pararon delante de la puerta de un compartimento donde había un chico pelirrojo y uno pelinegro de primer año. Entraron ruidosamente, como siempre hacían. —      Hola, Ron — le dijeron los gemelos pelirrojos a su hermano varón más pequeño. El menor de los pelirrojos soltó un suspiro de cansancio en su dirección mientras una pelinegra lo abrazaba alegremente y él se ponía tan rojo como su cabello. — ¡¡Ronnie!! — dije abrazando al pequeño de los Weasley, sin contar a Ginny. —      Hola Lyra — dijo Ron. Me giré hacia el pelinegro que tanto me sonaba y que me miraba curioso con sus ojos verdes. — Soy Lyra Black, un placer conocerte — dije guiñándole un ojo al niño para revolverle a continuación el pelo. —      Yo soy Harry, Harry Potter, ¿Te conozco de antes? — me preguntó, mirándome con curiosidad. Supongo que por eso me miraba tanto... Espera ¡¿Ha dicho Harry Potter?! Mi pelo se volvió verde de la impresión, dejando atrás mi sonrisa de siempre. — Tus padres y los míos eran amigos antes de que todo sucediera... Yo no me acuerdo de mucho... La verdad es que no me acuerdo mucho de mis padres, ni siquiera he visto fotos de ellos... Tu y yo nos criamos juntos, bueno por lo menos tu primer año si, luego a mí me llevaron con mi prima y mi tía, y a ti con tus tíos muggles, por lo que me dijeron... — dije dubitativa mirando a la nada con un dedo en el labio. —      Entonces... ¿tú te acuerdas de mí? — dijo el contento. Yo asentí con la cabeza. —      Si te hubiera reconocido antes te lo habría dicho, bueno pues entonces a partir de ahora eres mi hermano pequeño adoptivo — le dije sonriéndole cariñosamente — Si necesitas algo ya sabes dónde estoy — dije señalándome con el dedo pulgar. Los gemelos me empujaron hacia atrás mientras mi pelo se volvía de nuevo verde y caía sobre el asiento de al lado de Ron. —      "¡¡Ey!!" —  Grite mientras caía espatarrada sobre el asiento. Los gemelos le cogieron cada uno una mano a Harry, estrechándoselas con ambas manos, saludándolo entre risas haciendo reír con ellos a Harry. Le sacudían tan violentamente las manos que Harry parecía estar vibrando, como el típico despertador de los dibujos muggles. Me levanté y les cogí a los dos por las capas, tirándolos de sentón al suelo. Levantaron la mirada para verme, poniendo cara de terror. Mi pelo estaba rojo, y si las miradas matasen llevarían enterrados desde que mi trasero tocó el asiento al caer. — ¿Cómo se os ocurre tirarme? — dije con los brazos en jarra. — Nosotros... lo sentimos Lyra ¡fue idea de Fred/George! — dijeron ambos a la vez, para luego discutir entre ellos y que yo negara con la cabeza. — Bueno, nosotros nos vamos a gastar unas bromas más, será mejor que no salgáis al pasillo —dije antes de salir arrastrando a los gemelos por las orejas entre quejas. — ¡Oye! — protestó Fred para luego soltar a ambos de golpe y que se incorporaran, sacándome ambos una cabeza. — ¿Qué? — dije encogiéndome de hombros divertida mientras me apoyaba en la pared del vagón. — Hemos dicho que lo sentimos — dijo Fred. — Y yo os perdono — dije riéndome para salir andando con tranquilidad hacia la mujer del carrito mientras sacaba un par de Galeones. — ¿Sí?, ¿Qué desea chiquilla? — me dijo la mujer. — Deme diez ranas de chocolate, cinco píldoras ácidas, cuatro bolsas de grageas de todos los sabores, veinte Droobles, diez moscas de café, cinco varitas de regaliz y seis calderos de chocolate, por favor. — Nueve galeones — me pidió la mujer tendiéndome una bolsa que cogí dándole los nueve galeones y despidiéndome de ella. — ¡Ala! ¿Y porque compras tantos? — me pregunto George desde detrás de mí. — Ahora lo veréis — dije dándome la vuelta y entrando en el compartimento de Harry y Ron — Hola de nuevo chicos — dije saludando. — Hola Lyra — dijeron ambos sonriéndome. — Os traigo algo — dije dándole una cosa de cada a cada uno — Para Harry para que pruebe algunas chuches mágicas que seguro te gustaran y para mi favorito de los varones Weasley — dije revolviendo el pelo a los dos niños, ganándome quejas por parte de los gemelos. — ¿Y nosotros que? — preguntó George. Pase un brazo por las cinturas de ellos, poniéndome entre los dos. — Vosotros sois mis gemelos pelirrojos favoritos — dije sonriéndoles para que después me dieran un beso en la cabeza cada uno, haciendo que mi pelo se pusiera tan rojo como el suyo. — Bueno, espero que os vaya bien en la selección de casas — Harry fue a hablar — Estoy en Gryffindor, por si era eso lo que ibas a preguntarme Harry — el asintió, sonriendo mientras se comía una gragea roja y torcía el gesto, supuse que por el sabor de la gragea — Quedes en la casa que quedes estaré orgullosa de ti Harry, y tus padres también lo estarán — dije sonriéndole — Bueno, nos vamos — dije dándome la vuelta y saliendo de golpe del compartimento, chocando con alguien y cayendo encima de esta al suelo. — Ay...que daño... — dijo el chico, con una voz que bien sabía de quien era. —      Hola Wood — dije animadamente saludándolo. El chico se puso rojo. —      ¿Otra vez saliendo de los sitios con prisa y sin mirar? — me dijo con una sonrisa, a lo que asentí mientras mi pelo se volvía tan rojo como su cara en ese momento. El negó con la cabeza, divertido por la situación, mientras cuatro brazos me levantaban, encontrándome con los gemelos riéndose. — ¡Ey! no os riais — dije riéndome. — Empieza por no reírte tu — dijo Fred mientras George levantaba del suelo a Wood. — Bueno chicos, yo me voy a mi compartimento, ya nos veremos para los entrenamientos — dijo yéndose. Suspiré, ganándome la mirada de los gemelos. — ¿Te gusta Wood? — dijeron divertidos. — No — dije con voz de p**o mientras mi pelo se volvía rojo. — A Lyra le gusta Wood, A Lyra le gusta Wood — empezaron a canturrear, dando vueltas a mi alrededor. — ¡Callaos! — grité cada vez más roja. Y así los gemelos me molestaron todo el camino a Hogwarts. Ya sentados en la mesa, Wood hablaba sobre nuevas técnicas de Quidditch para este año, los gemelos lo miraban aburrido, como todos, mientras yo le miraba embobada y asentía tontamente. Dumbledore empezó a hablar, haciendo que todos se callaran y que yo prestara atención. El sombrero cantó su canción y después McGonagall puso el sombrero seleccionador en un taburete y desenrollo un largo pergamino. Todavía me acordaba de mi selección hacía ya dos años. Estaba nerviosa, muy nerviosa, aunque intentando demostrar que no tenía vergüenza, fui con la cabeza bien alta hasta el taburete y me senté, McGonagall me colocó el sombrero que tapo mis ojos. Una voz llegó a mis oídos cantarinamente. — ¿Qué tenemos aquí? ¡Una Black! Interesante...Aunque tu familia son en su mayoría mortífagos tú eres igual a tu padre, Valiente, inteligente, leal, si...toda una Gryffindor sin duda...— dijo el sombrero y yo sonreí contenta. —      Ya sé dónde ponerte...— dijo para luego quedarse callado — ¡¡¡GRYFFINDOR!!! — gritó y la mesa de los leones se levantaron aplaudiendo, contentos por su nueva integrante. Allí los gemelos me miraron mal, éramos iguales, pero nos llevábamos mal por una simple tontería, me gastaron una broma y yo les gasté otra...Poco después nos hicimos inseparables gracias a un enemigo común (Ejem… Filch), reí acordándome de eso. Ron acabo en nuestra casa, a lo que le revolví el pelo felicitándole. Harry estuvo diez minutos sentado, empecé a removerme nerviosa en el asiento. — ¡¡¡Gryffindor!!! — gritó el sombrero, Harry se lo quito contento y salió corriendo hacia nuestra mesa, los gemelos cantaban "tenemos a Potter, Tenemos a Potter" mientras yo hacía un baile raro encima del banco. —      Si la señorita Black deja su baile para luego continuaremos donde lo habíamos dejado — dijo Dumbledore, sonriendo mientras me bajaba y asentía sonriendo mientras mi cabello se volvía rojo por la vergüenza. Me giré y, sonriéndole, le di un abrazo de oso que Harry me correspondió. — Bienvenido hermanito — le dije revolviéndole el pelo con una sonrisa. —      Gracias — dijo Harry sonriéndome.
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