Britney Mis ojos no se despegaban de Aarón anoche había pasado al menos treinta minutos caminando de un lado al otro, apretando dientes, maldiciendo y soltando al menos un millón de palabras por minuto. — Es que tendría que darle un disparo entre medio de las cejas —gruñó —¿Dónde vive? —parpadee —, que pregunto eso, si lo puedo investigar —tomó su celular. — No puedes, no puedes hacer eso —me miró —, él es… No hable, no pude, era complicado decirlo porque el dolor seguía, tan profundo y fuerte que me dejaba mal parada, era tan complejo, tan destructivo. — ¿Es broma? —consultó asombrado —¿Justo él? —negó —¿No podía ser el idiota de la playa? —reí con amargura. — Sabes que nadie manda en eso, pero Aarón, cometí un delito —pasó la mano por su rostro. — Mira, solo lo sabemos n

