Capítulo 32. El regreso. POV Antonella. La voz de Dimitri, helada y controlada, retumba aún en mi cabeza: “Ella es solo una distracción, un juguete.” La confesión de que he sido una pieza en su tablero de ajedrez no solo me ha roto el corazón, sino que ha reactivado a la verdadera Gildris. El dolor se transforma en una rabia líquida, fría y enfocada. Me muevo por el pasadizo estrecho como una serpiente. La oscuridad es mi aliada. Llego a la puerta que conduce a la suite. La abro con la mayor cautela, el mecanismo familiar en mis manos. Entro a la habitación y la veo: está destrozada. Sillas volcadas, la mesa de la cena partida. Él ha pagado su furia contra el entorno. Se ha ido. La confirmación de su prisa me da segundos cruciales. Con la agilidad que me ha dado la vida en la mafia,

