Capítulo 16—El día que no existió Damiano. Estaba en mi estudio, rodeado de papeles que ya no lograba enfocar. Hacía días que habíamos regresado del hospital. Ella estaba recuperándose bien, y Giovanni también, aunque todavía quedaba preocupación. Me levanté de la silla, sintiendo un peso inexplicable en los hombros. Sabía que no podía seguir concentrado en el trabajo, no cuando mi mente estaba atrapada en otro lugar. Caminé por el pasillo, dejándome llevar por un impulso que no lograba entender del todo. Llegué a la sala de estar, donde encontré a Alexandra sentada en el sofá, envuelta en una manta, mirando la televisión sin realmente prestarle atención. Parecía sumida en sus propios pensamientos. Por un momento, me quedé en silencio, observándola. Su presencia me hacía sentir algo que

