Chantaje

1159 Palabras
(Caramelo) ¡Mierda!, estoy que muero de nerviosismos, hasta puedo decir que me voy a orinar por la reacción de Dayron. Estoy segura de que me va a matar y si no digo ni una sola palabra, aún más. Sin quitar mi mirada de la de él, puedo ver la impresión, la furia, el odio y las ganas de matarme. Esto se está saliendo de control y mi temor es que Dayron no acepte o que tome una decisión precipitada. —Caramelo es la viuda de Maranzano —con mucho cuidado, el padre de Dylan le suelta lo que no estaba dispuesta hacer. Luego de unos minutos abre sus ojos al darse cuenta de las palabras del señor Dylan y de lo que significan. ¿Qué es lo que debo hacer?, lo mejor que puedo hacer es salir corriendo y dejar que la tierra me trague. —Me están jodiendo, verdad —pasa su mano por toda su cara—, no puede ser que todo lo que me están diciendo sea cierto y más aún cuando saben perfectamente que tengo indiferencia con esta mujer—me señala. Esta idea de unión se le ocurrió al señor Máximo porque una parte me beneficiaría a conquistar nuevamente a la carita fina de Dayron, pero la otra parte es porque nos conviene unir fuerzas para tener más poder y más ruta a nuestro poder, aunque el señor Rafael tenga a su poder el dominio de Italia, pero no de rusia y no le vendría nada de mal que Dayron crezca con el negocio y aún más que tenga más poder. Es evidente que toda esta reacción me la esperaba y más cuando él no me quiere a su lado, pero si él acepta casarse conmigo, juro que haré todo lo que está en mi poder para conquistarlo y hacer que vuelva a creer en aquello que ambos teníamos, aunque tengo que soportar toda la furia de él. —Te estoy diciendo que es necesario hacerlo Dayron —dice con tono cansado. El señor Máximo está alterado, pero tienen que entender que Dayron tiene que procesar todo y no podrá hacerlo si lo están presionando y presionando. —Entiende que te tienes que casar o uno de tus hermanos lo hará —insiste su padre. —¡Estás loco padre! —espeta con furor—. No puedo creer que pienses casar a uno de mis hermanos con una mujer que jugó conmigo y con la que pensé que tendría algo serio. Recuerdo como si fuese ayer, cuando Dayron llegó a las tierras de la señora Luciana y también cuando me lo encargaron para entrenarlo en las armas y en defensa personal. Todo comenzó con mucha indiferencia entre ambos, puesto que él es un niño de papi mientras que yo soy una sicaria de alma y espíritu; una que elimina a cualquier rata que se posa en mi camino y de mis amos. —Te he dicho que dejes el sentimiento a un lado y mejor piensa en el futuro de la organización y de la nueva gobernación —el señor Máximo protesta. —No, no, no, no permitiré que nadie de mis hermanos se case con esta maldita arpía —vocifera, sus gritos me dejan mis oídos aturdidos. ¡Oh, ya veo!, eso soy para él. —Respeta Dayron porque no sabes nada. —¿Qué no se nada? —grita con altanería—. Sé lo suficiente y eso me dice que ella encontró lo que buscaba, ya que lo primero que hizo después de alejarse de mí fue irse a acostar con un imbécil. ¡Todo lo hice por su bien! Quiero que entienda que todo lo hice por el bien de él. —Entiende que todo lo hizo por tu bien. —No, Dayron tiene razón —interfiero—. Lo mejor que puedo hacer es irme y buscar a otro que acepte casarse conmigo, ya que quiero tener poder sobre Moscú y Sicilia. Puede que tenga culpa por no decirle la verdad, pero no me dejaré de sus insultos y pienso conquistarlo con indiferencia, ya que dicen que hay personas que odian ser ignoradas. —No hables por mí —me señala tras caminar hacia mí—, y mejor dime cómo te fue con tu primer año de casada, ya que lo has matado—susurra cerca de mi oído—. Dime, lo hacía mejor que yo—resopla para luego ver como se aleja. Exhalo todo el aire que tengo contenido después de ver que Dayron ya no está entre nosotros. Poso ambas manos en mis rodillas, apoyándome y tratando de recuperar el aire en mis pulmones. Aaahh... Fue muy tenso tenerlo nuevamente cerca de mí, pero también excitable, puesto que se me vinieron viejos recuerdos cuando ambos nos encontrábamos en los establos y debatimos muchas cosas como quien jadea o gime más. —Él no aceptará —dice Liliam con mucha desilusión—, ¿o qué es lo que haremos? —Tenemos que dejarlo respirar y que asimile las cosas —hablo tras caminar y sentarme en la silla de madera—, no crean que todo es fácil y es claro que él está furioso conmigo y ahora más porque piensa que me he casado porque encontré el amor de mi vida, aunque no sea cierto, pero lastimosamente solo ustedes lo saben. —Lo siento Caramelo, no espere que mi hijo se comportara de esa manera —aspira fuertemente—. Ahora toca esperar—el padre de Dayron tiene que entender que todo es difícil para mí y para Dayron. —Amor, tu hijo reaccionó como un ser humano destrozado, un enamorado dolido y no pueden forzar algo que ustedes son conscientes de lo que un mal amor puede hacer con tu cuerpo y sentimiento. La señora Liz tiene razón, pero también tiene que entender que no fue fácil casarme y todavía acostarme con un hombre que no deseaba en cuerpo y en alma, un hombre del cual me provocaba asco, pero todo lo hice por el bien de mi amado Dayron. No hay necesidad que sea ciega o de que mis oídos sean completamente sordos para darme cuenta de que todos los que están en este lugar han sufrido de un mal amor o de un amor de altos y bajos, pero la única que lo reconoce es la persona que comprende lo que su hijo siente. —Creo que llegó el momento de hablar con mi futuro esposo —me levanto. —Disculpen por decirlo una y mil veces, pero si me lo hubiesen dicho, lo hubiese resuelto, pero nadie toma en cuenta a una ama de casa—la señora Liz está furiosa—. Te deseo suerte Caramelo, y mi consejo es no hacer lo que nadie puede valorar. —Gracias, señora Liz —asiento para luego ir a buscar a ese niño mimado o lastimado.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR