—Levántate y siéntate —alzo la voz y le señaló donde están los pequeños sillones—, estas que apestas mujer—arrugo mi cara. —No has venido por mi estado higiénico —contraataca. —Dime por qué entraste a la Suite y porque tenías mi arma en tus manos —hablo sentándome en el sillón y ella se sienta en el otro sillón que está frente al mío. —Un amigo llegó al hotel y me pidió de favor si no había un amigo de él hospedado ahí —susurra y yo me quedo quieta observando su rostro y sus palabras. Un amigo, esto no me huele nada bien y me preocupa. —¿Un amigo?, pero quién es ese amigo ¿Le dijiste que estábamos ahí? —respiro profundo y reprimo la necesidad de matarla—. Explícame Tara —enfatizo su nombre. —Es una de universidad y no porque quería saber de ustedes —¿ustedes? —¿Por qué nosotros y n

