—Señora Caramelo —dice después de que ambas nos separamos—. Quiero pedirle un favor. Que no sea lo que me estoy imaginando. —Puede contar conmigo. —Si llegara a faltar algún día, quiero que proteja a mi niña —sabía que era eso. —Ssshhh… no diga eso y menos llame a la muerte —poso mi dedo índice en mis labios y le hago seña que guarde silencio—, tiene una familia entera que daría su vida por la suya y la de su hija. —Gracias… —Nada de gracias, ahora cuénteme cuándo piensa desenmascarar a ese par —en un dos por tres, cambio de tema. —No me cambies de tema que hasta para eso soy buena —me sentencia y yo me quedo boquiabierta. Esta mujer es valiosa y admiro como dice las palabras y de cómo las ve, escucha y calla. Por eso la familia de mi esposo la quiere mucho e igual yo la quisiera.

