Zaid
Bajé del avión, tecleo en mi celular un tanto distraído, reviso que no tenga ninguna emergencia pediátrica, es mi deber, como doctor, nunca descansas, pero es un trabajo maravilloso, más cuando amas lo que haces y disfrutas sanar a pequeños chicos inocentes que te necesitan. Es un trabajo duro, más cuando pierdes a tu primer paciente, recuerdo como si fuera ayer que Emma me consoló toda la madrugada, lloré de impotencia, de dolor, pero luego comprendí que no se encontraba en mi manos, hice lo humanamente posible para salvar a ese pequeño de siete meses de edad.
Sin más voy a recoger mi maleta, miré a mi lado y una guapa chica espera, solamente somos nosotros dos, espero impaciente, no deseo llegar tarde, ando con los minutos contados, Chantal espera por mí, para ir a cenar con sus padres, formalizaremos con ellos, le pedí matrimonio y aceptó ser mi esposa, esperamos un hijo, al ser sus padres católicos no aceptarán que nuestro hijo nazca fuera del matrimonio.
Estoy consciente que es el momento, tengo treinta años, no soy millonario, pero vivo bien gracias a mi trabajo, pronto me harán socio de la clínica pediátrica, es hora que mi vida tenga orden. El problema de todo esto, es mi familia, cuando me mudé a mi departamento empezaron los celos de Emma. Al mirar mi maleta cerca me preparé para tomarla, pero todo cambió.
Mi pecho empezó a palpitar con fuerza, siento nervios como no lo había sentido nunca al tocar la piel de una mujer, rozar su mano electrificó mi cuerpo y ansió tocar más, un solo toque provocó en mí cosas que desconozco cómo explicar correctamente.
La fuerza de contacto empleada por ambos ocasionó que la maleta se abriera y todos sus más íntimos secretos quedan develados, trago grueso cuando miré la caja de un vibrador, se visualizaba, es púrpura con perlitas ¿Perlas en un vibrador? ¡Demonios! Debí mirar varias veces para ratificar que era cierto lo que miraba y no producto de mi imaginación, su ropa quedó esparcida por el piso y parte de otras prendas en mi rostro. Es una maleta mágica, levanta el animo a cualquiera.
Me encontraba agotado, ansioso y fastidiado, pero al mirar tanto rojo, n***o, fucsia, encaje, transparencia, látex, cuero y hasta silicón todo desapareció de manera inmediata. Mi garganta se secó y mi cuerpo se calentó, me estremecí en todos los sentido. Aunque quiero, no dejo de mirar su rostro enrojecido, sus ojos azules y su cabello lacio, brillante, me quedo inmóvil por pocos segundos al detalla a fondo sus prendas tan sexis y pequeñas, sobre todo pequeñas. ¿No se ahorcará la v****a con ese hilo tan fino? Humedezco mis labios al imaginarla, mi mente es muy gráfica, quizás sea un don o una maldición, en este momento no me ayuda.
No soy un morboso, pero no esta en mi, simplemente mi mente actúa por si sola, la conciencia se fue antes que yo, o aún no ha bajado del avión ¿Cómo vine a equivocarme de valija? Soy un cretino, tampoco es mi culpa que su maleta sea una réplica exactamente igual por fuera, porque por dentro contenía obras de artes, que ahora me arrepiento haber visto, dudo que puedan salir de mi cabeza, no por un largo tiempo.
Sus fosas nasales se ensanchan de lo furiosa que se encuentra, su rostro se vuelve carmesí por completo y sus ojos se abren como platos. —Cretino —Como si leyera mi mente, expresa el auto-calificativo que gritó mi conciencia, soy un cretino, que se encuentra embobado y magnetizado con esta mujer. Enojada, luce más hermosa, sus labios tomaron un leve color rojizo, su voz es dulce, melodiosa, es hermosa por donde se le miré. —Maldita sea —No parece chica de malas palabras, al contrario, se nota apacible, pero descubrí que las apariencias engañan, retiró sus prendas de mi rostro, mi cuerpo se estremece al imaginarla con ellas puesta por tercera vez. ¿Qué me pasa?
Cuando se arrodilla y pone de pompa su trasero, mi mente crea una película ardiente donde somos protagonistas. Mierda el deseo me cegó y hasta mis pantalones empezaron a apretar de manera inexplicable. La vergüenza se apodera de mí, en todos los sentidos, es su maleta y me confundí como un imbécil. Se apresura a guardar sus cosas, no esperé que su tío llegará, comprendo su enojo, sin embargo, su educación deja mucho que desear.
Esperé todo menos que ella dañará mi maleta y arrojará mis cosas, mi perfume se rompió, el regalo que le traje a Chantal se arruinó. —Desquiciada —Grite cuando me saca el dedo medio. Es una loca que le gana la irá, me pierdo en sus largas piernas y su trasero perfecto, no dejo de mirarla hasta que se perdió de mi vista. Este contratiempo me hará llegar tarde a casa, lo cierto es que me dejó con ganas de saber más de ella.
Así es cuando menos lo esperas cupido te flecha de manera definitiva, pensaba que estaba enamorado de la mujer con que me casaré dentro de poco, pero no es así, esta desconocida me hizo palpitar el corazón de manera desenfrenada, me siento como un adolescente que necesita saber más de esa chica atractiva.
Manejo por la ciudad y lo sucedido sigue rondando mi mente, aprovecho el semáforo rojo para llevar mi cabeza atrás. Sonrió tontamente —¿Quién eres? —preguntó buscando una respuesta, lo mejor es alejarme de la tentación.
Soy un hombre comprometido, seré padre y me siento feliz de dar este paso en mi vida, esto era lo que desearía mi madre que fuera un hombre de bien, de familia y sobre todo de hogar. Manejo lo más rápido que puedo y al llegar a mi apartamento Chantal se encontraba vestida esperando por mí.
Corre a mis brazos. —Te extrañé tanto Gnomo —Sus piernas rodearon mi cintura y una imagen vino a mi mente, la chica de la maleta ardiente, mi m*****o se endurece y aunque se vea mal, tomaré a Chantal pensando en ella.