—gorda—doy un brinco del susto que me da cuando Cesar pronuncia mi nombre—¿Dónde te metiste? No quiero que me vea y comience con su interrogatorio, escucho cuando abren la puerta de mi habitación no lo puedo ver por estar de espalda, cierro los ojos con fuerza no tengo la menor idea del por qué solo lo hago, siento cuando se sienta a mi lado. —¿Por qué no respondes?—continuo con mis ojos cerrados—¿se te volvieron a pegar los ojos por la infección?—siento que me agarra el mentón y me voltea a la cara supongo en su dirección—y por lo visto también se te pego la boca, te dije gorda que te cepillaras los dientes al levantarte. Esta vez sí se pasó. —claro que lo hice—abro los ojos. —entonces ¿Por qué no contestas? —hago una mueca, porque no se le escapa nada. —por nada—hablo en voz baja—¿

