El calor se apodera de mi cuerpo, su calor, su fragancia es exquisita, embriagante, me transporta y conforta, me aísla; me lleva justo donde quiero estar, donde necesito estar, respiro profundo y sé que no debo caer en estas sensaciones pero mi cuerpo rechaza mi mente y de un movimiento rápido y certero la coloco delante de mí. Miro sus ojos oscuros, profundos, anhelantes y seguros. Sigo el camino que su delicada lengua recorre para humedecer sus finos y rosados labios, perfectos y seductores. Sin evitarlo cierro la distancia entre nuestras bocas y comienzo un descenso que sé, me llevará de nuevo al camino de la desolación, a ese donde anhelas algo que no puedes tener, donde sabes que respiras solo porque ello conlleva a seguir allí, un lugar que esta vacio y sin nada que entregar, dond

