Silver simplemente había entrado al vestidor al notar que Mia estaba tardando en salir. Lo hizo sin pensar, jamás imaginó que la encontraría en esa posición. ¡Y qué posición, Dios mío! Aún seguía con la cara embobada al verla. Era un idiota. Sin reacción alguna, recorrió varias veces el cuerpo de Mia, sin poder evitar pensar en lo bien que se veía con ese vestido puesto y también en lo bien que se vería sin él. Maldijo al sentir una ligera punzada en su entrepierna, pero de inmediato se arrepintió de tan descarado pensamiento. Esto estaba mal, muy mal. Sacudió la cabeza. ¿En qué carajo estaba pensando? Se reprendió por pensar así. Estaba demente. Era Mia, su amiga, su casi hermana desde la niñez. No podía estar imaginando cosas sucias con ella; jamás podría verla de otra manera que no fue

