Solo apariencia

1407 Palabras
—¿Por qué más? —Mia musitó y de nuevo se arrepintió, no era su problema, pero ahí estaba. —No deberías preocuparte por mí, tú misma lo dijiste anoche: soy popular y sexy, puedo tener a cualquiera a mis pies. ¿Por qué conformarme con una? —Mia alzó una ceja sin creer lo que escuchaba. Así no hablaría el Oliver que conocía. En definitiva, no lo haría; el Oliver de su infancia creía algo muy distinto del amor entre dos personas. Ahora solo sonaba como alguien superficial y sin corazón. No quería creer que él fuera ese tipo de persona, pero algo tenía claro: ambos dejaron de ser iguales hace mucho tiempo. —¿No te importan los sentimientos de los demás? —Oliver rió. Mia trató de entender por qué de pronto tenía esa idea. —Eres muy ingenua, Mia —Oliver le devolvió la misma mirada y luego se quedó callado. No creía que ella entendiera lo que pensaba ahora. Todo era distinto, después de ver cómo son las personas en realidad. —Vaya. ¿Eso es un halago? —dijo sarcástica. Mia podía decir que tenía razón, pero no por eso tenía que ser tan dura; solo no había perdido su buen corazón. Aún no había encontrado a la persona que se lo quitara. —No lo tomes a mal, pero así es como es ahora. No puedo creer que no te hayas escuchado. Solo importan las apariencias. Suni me necesita tanto como yo a ella. Volverá, no te preocupes... —Se encogió de hombros y paró, girándose. Oliver lo creía una tontería, pero si quería ser quien era, tenía que acatar las reglas. Incluso esa clase de escándalos solo le daba más popularidad, lo cual era excelente para su ego. —¿Me quieres decir que entonces ustedes dos solo andan por pura apariencia? ¿No se quieren? —Estaba sorprendida por su confesión. No creyó que fuera de ese modo, bueno, algo, solo un poco, pero ahora se lo estaba confirmando en definitiva. —No es tanto como eso, porque sí hay cierta atracción, además de que es increíble tener lo que los demás desean y saber que solo será tuyo. —Mia miró a Oliver como si de un desconocido se tratara. ¿Desde cuándo pensaba así? Sentía que había perdido a su amigo; tal vez lo había hecho desde hace mucho. ¿Dónde había quedado aquel niño lleno de sentimientos? Seguramente olvidado en algún lugar. —No me mires así, me haces sentir la peor persona del mundo. —Rió ante el semblante de la rubia, y es que lo estaba mirando de una forma en la cual trataba de descifrarlo. Quería saber más y tratar de entender cómo es que pudo cambiar tanto—. Te falta ser realista. Los guapos triunfan, los otros fracasan, y yo te ayudaré a triunfar. ¿No es eso lo que quieres? ¿Que el tarado de Matt te vea? La de lentes sopesó la situación. Eso era lo que siempre había querido, ser vista por la única persona que le interesaba, ese era Matt; no le importaba nadie más que él. ¿Por qué no cambiar por fuera, sin cambiar por dentro? Eso era muy difícil de hacer, eso quería ella y, aunque no se lo dijera, eso haría. No se dejaría llevar por lo superficial, eso lo podía jurar. Solo estaba tratando de ser un poco más atractiva, sin imaginar que nadie tenía que cambiar para que alguien más se interesara en ti. ... Abrió su casillero, sacando el libro de matemáticas para hoy en la tarde. Oliver iría a su casa para estudiar y después de eso le enseñaría todo para cambiar su exterior. Parecía un buen plan, uno bien pensado; no creía que pudiera haber mejor maestro para eso que él. Aún no sabía por qué su forma de vestir era mal vista ante los chicos de su edad. Vamos, sus pantalones holgados con sus tenis de suela gruesa y sus camisas de estampados extravagantes no podían verse tan mal. ¿O sí? Ese era un claro estilo vintage que, a su parecer, le quedaba muy bien, pero que incluso para las demás personas les era incómodo de ver. Aun así, estaba decidida a cambiar, aunque eso no era lo que quería. Aunque su estilo fuera otro, haría lo que fuera para que Matt la volteara a ver. Suspiró y cerró su casillero, encontrándose con Suni a su lado. Mia se sobresaltó. Ella la miró con desdén mientras estaba acompañada de sus dos amigas, sus siempre inseparables amigas, Margaret y Tiffany. Suni la siguió observando por los siguientes segundos sin decir nada, con la mirada entrecerrada. Por un momento pensó que no era a ella a quien miraba, pero al girar hacia atrás, se dio cuenta de que no había nadie más ahí. La pelinegra frunció el ceño, acercándose peligrosamente a ella. Mia dio unos pasos hacia atrás por el repentino movimiento. Y es que ella era invisible para Suni. No creía que supiera incluso de su existencia, pero ahí estaba, bajo el escrutinio de la chica alta y de cabello cobrizo. Mia se asustó por un momento, pero supo mantener la calma. —No eres ni por poco tan sexy como yo. —La rubia abrió sus ojos expectantes. ¿Qué había dicho?—. No eres competencia para mí, Mia Stone. —Frunció su mirada diciendo cada palabra como una amenaza, una amenaza latente y directa hacia ella—. Así que es mejor que te alejes de él. Mia se encogió de hombros, cohibida; no tenía idea de qué hablaba. ¿De quién se tenía que alejar? Se seguía preguntando en su cabeza. Sin embargo, no podía decir ninguna palabra. Se había quedado muda; no sabía qué decir porque no entendía cuál era el verdadero problema. —Pero... y-yo... —Ni siquiera puedes formar una oración sin tartamudear, eres una perdedora. —Sus dos amigas se rieron a su espalda ante su comentario malintencionado. Mia no sintió nada en realidad, menos de la boca de ella—. Así que te lo diré gentilmente: deja a mi Oliver en paz. Sus ojos se agrandaron con sorpresa, y boqueó queriendo responder. Ahora sabía la verdad de su intercepción; Mia no podía creer que Suni pudiera pensar que ella quería algo con Oliver. Y menos que pudiera verla como rival. Eso pensaba, porque si no fuera así, no le hubiera dicho nada de lo que ahora le estaba diciendo. Pero, como era sabido, no era buena con las palabras y de nuevo se quedó muda. —Oliver... no... él y yo... —Suni, solo mírala, no puedes creerle a Tom. Oliver no te terminaría por esta don nadie. —Margaret se tapó la boca apenas se dio cuenta de lo que dijo. Sí, todos sabían que Suni había sido quien terminó con Oliver, Mia se volvió a sorprender porque cuando habló con el azabache, él no había desmentido los comentarios que decían que ella fue quien terminó con él—. Digo... tú lo terminaste, tú y nadie más que tú. La pelinegra entornó los ojos y se paró en jarra, mirando mal a su amiga. Era la más tonta de sus dos amigas, no podía esperar menos de ella. —Esta tonta no dirá nada —Tiffani espetó—. Y aunque lo dijera... —La escudriñó con desprecio—. Nadie le creería. —Como sea. Solo yo sé la realidad de las cosas. —Suni golpeó el piso con el tacón de su zapatilla, exasperada. —¿No has pensado que tal vez es porque ya no le gustas? —Margaret exclamó inocente, y Suni la fulminó con la mirada, por segunda vez, por su tonto e impensable comentario. —¡Por Dios! Yo no pude dejar de gustarle. Sería un tonto si lo hiciera, siempre seremos él y yo, la capitana de porristas y él, el capitán del equipo. Punto. Mia poco a poco se fue alejando de ellas sin que se dieran cuenta; ya no tenía cabida en esa conversación. Y a decir verdad, ahora que la escuchaba, entendía las palabras de Oliver. ¿Todo era así de vacío? ¿Cuándo la gente dejó de creer en el verdadero amor? ¿Cuándo? Se giró y caminó realmente decepcionada, preguntándose si lo que estaba a punto de hacer sería lo correcto.
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